Nuevo sitio Editorial A Vencer, edición de noviembre, elaborada junto con Hombre Nuevo 8 Noviembre 2016

Con recursos de la deuda el macrismo afronta el año electoral

El estancamiento económico y la inflación persisten, lo que golpea duro a las y los trabajadores. Sin embargo, el gobierno de Cambiemos se vuelca al año electoral con los ingresos del endeudamiento externo como respaldo. En contraste con la conciliación que sostienen direcciones sindicales y políticas, importantes sectores populares son protagonistas en la calle contra las políticas de la derecha.

Edición N° 19

A Vencer (noviembre-2016)

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Editorial A Vencer, edición de noviembre, elaborada junto con Hombre Nuevo | Con recursos de la deuda el macrismo afronta el año electoral


Al cerrar un año récord de despidos y caída salarial, el ministro de Trabajo, Jorge Triaca, atinó a señalar que
"es un año difícil pero vamos en el camino correcto". La frase que recuerda la sentencia menemista "Estamos mal pero vamos bien" intenta crear expectativas sin sustento, cuando la economía sigue empantanada.



Estancamiento, inflación, deuda y pobreza



Aún con el gran empuje que el gobierno dio a las patronales del campo y la minería al reducir las retenciones, este sector de la economía no produjo ninguna reactivación.



La soja, pivote de la economía agraria, estima una producción menor a la del año anterior (19.6 millones de hectáreas, según la Bolsa de Cereales de Bs. As.) y sigue con precios relativamente bajos a nivel internacional (u$s 360 por tonelada). Tampoco el trigo y el maíz desarrollaron el crecimiento imaginado. Así, en su conjunto, el agro muestra una caída que supera el 10% según estimaciones de la consultora Abeceb.



En el mismo sentido se orienta la minería, que aún beneficiada con la quita de retenciones, tampoco logró salir de los números negativos. Estos indicadores dan cuenta de que la exportación primaria, uno de los elementos con los que el macrismo contaba para el repunte de la economía, no está cumpliendo ese rol.



Igualmente difícil es la situación industrial. Según FIEL, la caída interanual es del 8% al mes de septiembre, acumulando un 5% en estos nueve meses de 2016. La baja la lideran la siderurgia (14,2%) y automotriz (14%). A su vez la construcción también se retrajo: el despacho de cemento, que sirve como indicador de su movimiento, cayó un 17,7% interanual y lleva más del 13% de caída en lo que va de este año. Estos últimos factores son de gran relevancia porque impactan de forma directa en la reducción del empleo.



Hasta cierto punto, la caída en el empleo y en el ingreso son parte de una política contractiva del macrismo, que se propone enfriar la economía, siguiendo las recetas más ortodoxas del liberalismo económico para conseguir que baje la inflación. Sin embargo, su éxito es discutible. Por una parte, porque la inflación persiste, retomando niveles cercanos al 3% en octubre, lo que lleva a un cierre de año con un acumulado de más del 40%. Y por otra parte, porque el enfriamiento de la actividad y el mercado interno no fue compensado, como imaginaba el macrismo, con una recuperación de las exportaciones mineras y agropecuarias ni con el soñado flujo de inversiones.



En este marco, el sustento fundamental sobre el que está parado el macrismo es el endeudamiento externo, lo que permite amortiguar el impacto de la falta de crecimiento económico, a cambio de hipotecar el país a futuro. En estos once meses de gobierno el Tesoro Nacional colocó títulos en moneda extranjera por u$s 24.700 millones y bonos en moneda local por el equivalente a u$s 15.300 millones, además de Letras en pesos y dólares por un monto de u$s 5.800 millones, lo que en conjunto implica un endeudamiento de u$s 45.800 millones.



El efecto sobre la población es impactante. Sobre un piso alto de pobreza dejado por el gobierno de Cristina Fernández (30% según la UCA), ahora el índice trepa aún más, alcanzando entre el 32,3 (INDEC) y el 33% (UCA) en lo que va del año. El 70% de los habitantes cuenta con ingresos menores a los $ 8.000 por mes, lo que supera apenas el 3% del ingreso total, mientras el 97% del ingreso restante se concentra en el estrato superior, principalmente en el 10% más rico, cuyos ingresos son 13,7 veces más altos que los del 10% más pobre. En este marco, un tercio de las y los trabajadores están "en negro", mientras uno de cada 10 se encuentra sin trabajo.



Las voces oficiales prometen mejoras prontas. Tan prontas que desde el cambio de año, y luego desde el "segundo semestre" auguran que el "rebote" de la economía es inevitable y ya se vienen tiempos mejores.



La verdad es que las condiciones para un repunte económico son muy dudosas. En principio, ni los rubros que están atados al resurgimiento brasilero (como el automotriz), ni los que dependen del mercado interno (como alimentos y bebidas) tienen perspectivas de mejora.



La apuesta a un plan de obras públicas que hasta ahora no se llevó adelante es, por eso, una salida que está en agenda, para motorizar al menos la construcción que tiene un alto componente de mano de obra. Eso, junto al esperado repunte agroexportador y, como se ha dicho, junto al colchón que otorga el endeudamiento, parecen ser los factores centrales de la recomposición a futuro.



Pero, aún en caso de que haya un repunte económico, el plan de reestructuración macrista incluye la depreciación del salario y del trabajo como variable de ajuste económico, con la expectativa de que una mayor "competitividad" de la mano de obra (es decir más precarización y flexibilización) sirva como estímulo para la inversión empresarial.



Año electoral



El macrismo camina de este modo hacia su primera prueba electoral con una economía estancada y un programa flexibilizador. Pero lo hace, al mismo tiempo, parado sobre los millones de dólares tomados por deuda y con la decisión de evitar las políticas de "shock" que recomiendan los sectores más ultramontanos y que pueden corroer su base electoral.



Por eso, para el futuro inmediato, son esperables nuevos ataques al pueblo trabajador, en forma de despidos, de retraso salarial y de flexibilización del trabajo; pero esta iniciativa se irá graduando al ritmo electoral, con la convicción de guardar las medidas más antipopulares para los meses posteriores a las legislativas del año próximo. Son exageradas, en este sentido, las expectativas de quienes ya anuncian la crisis del macrismo y el estallido social.



Macri tiene a su favor la completa claudicación de los sectores que amenazaban enfrentarlo. Es el caso de la cúpula de la CGT que, luego de amagar con un paro general, negoció la paz social con el macrismo en nombre de un bono mísero de $ 2.000 que no alcanzará a la gran mayoría de la clase trabajadora. Tampoco el núcleo duro kirchnerista, que sostiene una encendida verba antimacrista, ha realizado ninguna iniciativa concreta para enfrentar las políticas de ajuste, ya que está volcado de lleno a jugar exclusivamente a la política institucional reacomodándose en la interna del peronismo.



El resto de la oposición política ha asumido en gran medida el rasgo de época: en momentos de derechización, el massismo y gran parte del FPV y sus desprendimientos compiten por asumir el lugar de la derecha moderna, reivindicando el combate contra la delincuencia (que traerá mayor represión), la "inserción de la Argentina en el mundo" (mayor dependencia) y hasta la expulsión de los inmigrantes latinoamericanos, como reclama Miguel Ángel Pichetto, jefe de la bancada de senadores del FPV e histórico armador del peronismo.



De conjunto, son quienes promovieron el aumento sideral para los legisladores, en franca burla al pueblo trabajador que debe afrontar un pasar muy difícil.



El abajo que se mueve



La entrega de gran parte de la dirigencia sindical y política no garantizó, sin embargo, la paz social. La movilización de trabajadores y trabajadoras y distintos sectores populares es también, mal que le pese al macrismo, un rasgo característico del momento. A diario se suceden movilizaciones que ponen en la agenda los problemas populares: la defensa del salario, el derecho al trabajo, la defensa de la educación pública, el rechazo a políticas que cuentan con el impulso o la complicidad del Estado como la represión sistemática en los barrios y los distintos tipos de violencia sobre las mujeres y colectivos disidentes.



El macrismo imaginó poner freno a la lucha popular (y promovió para ello la ley antipiquetes y la legislación que cercena el derecho a huelga), pero la realidad deja en claro que el movimiento popular está bien activo y no se domesticó por esas intentonas represivas. El desarrollo de movilizaciones multitudinarias, como la ocurrida el 19 de octubre contra los femicidios, da cuenta de un claro protagonismo de los sectores populares y señala su potencialidad.



La intervención activa en estas luchas, su impulso y articulación, para forjar herramientas cada vez más fuertes, es una tarea fundamental, por medio de la cual podremos poner freno a la ofensiva de la derecha macrista.



Es en base a este protagonismo, como podremos avanzar en la estructuración de una alternativa política opuesta al macrismo y que sea –a diferencia del massismo, el FPV y sus variantes- una opción real a estas políticas antipopulares.

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