Nuevo sitio Editorial A Vencer, edición de octubre, elaborada junto con Hombre Nuevo 3 Octubre 2016

Los gerentes de la miseria

A más de 10 meses de haber asumido, el gobierno de derecha de Macri ya demostró que es enemigo de las reivindicaciones del pueblo y que gobierna para la burguesía. Los desafíos para el campo obrero y popular

Edición N° 18

A Vencer (octubre-2016)

A Vencer

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Editorial A Vencer, edición de octubre, elaborada junto con Hombre Nuevo | Los gerentes de la miseria

"…es el abogado criollo

de la compañía extranjera"

("Los abogados del dólar"; Pablo Neruda)




Los CEO's y accionistas que ocupan el gobierno hacen los anuncios. El propio presidente, en conferencia de prensa, mira a la cámara y tomando prudencial distancia en sus palabras, ensaya una voz de congoja. Falsamente compungido anuncia las calamitosas cifras de pobreza del país que preside hace casi un año. Habla como si se tratase de un médico comunicando un diagnóstico pesimista que nada tiene que ver con él, y no como el presidente que exime de impuestos a los ricos y despide decenas de miles de empleados y empleadas públicos. Un tercio de las y los habitantes por debajo de la línea de pobreza; 32%, según el INDEC. Una cifra que excede ampliamente la cantidad de desocupados y desocupadas, y que ratifica que millones de trabajadores y trabajadoras que poseen empleo no pueden escapar de la escasez. Ese tercio de habitantes incluye a desempleados/as, a muchos trabajadores/as precarizados, pero también a otros empleados/as formales. Como ejemplo de esto, basta señalar que muchos trabajadores y trabajadoras bajo convenio poseen salarios iniciales bastante por debajo del valor de una canasta básica, hoy estimada en $12.500 aproximadamente. Debe tenerse en cuenta, además, que el cálculo sobre dicha canasta ni siquiera contempla el pago de un alquiler. Pero así y todo, quedan debajo de esa cifra los sueldos de la mayoría de los y las docentes con un cargo, los de la base del escalafón de los y las empleados públicos municipales y provinciales, y el propio Salario Mínimo pactado por la burocracia sindical, que de móvil tiene poco y de mínimo demasiado, y hoy se estanca en insignificantes $7.560.

Si hablamos de pobreza infantil, las cifras recientemente anunciadas mediante la EPH (Encuesta Permanente de Hogares) del propio INDEC trepan casi a la mitad del total. El 47% de los niños y las niñas menores de 14 años es pobre. Si quien mide es la UCA (Universidad Católica Argentina, una usina reaccionaria que Cambiemos no podría acusar de "desestabilizadora"), las cifras son más tétricas: según sus mediciones, los niños y niñas pobres superan la mitad del total, un 56%, es decir casi siete millones. De ellos, más de un millón y medio se alimentan mal y medio millón pasa hambre diariamente (La Nación, 02/08/2016).

Macri y sus gerentes dan discursos como recién asumidos. Nueve meses de gracia, pareciera solicitar el presidente: nueve meses donde a los millones de pobres e indigentes ciertamente heredados del kirchnerismo, el macrismo y sus aliados le sumaron velozmente más de un millón y medio de personas. Las estadísticas siempre remiten a lo recibido, como si la fecha de asunción fuera siempre la de esta mañana, conforme va avanzando el calendario.

La avanzada de los CEO's se da en un plano económico-coyuntural, desde luego, depreciando el salario ante una inflación desmedida. Pero también en un plano estructural e ideológico. En el primer aspecto, el macrismo avanza planteando una reforma del Estado: nuevas tandas de despidos, proyección de una reforma laboral flexibilizante, reorientación de funciones del área pública; cierre de programas públicos, e ingreso de ONG's y empresas a hacerse cargo de manera directa de otros. En cuanto a la avanzada ideológica, negación del genocidio de la última dictadura (y hasta de la propia cifra de desaparecidos), exaltación del que mata en defensa de la propiedad privada para legitimar la represión y el gatillo fácil, discurso "modernizador" para legitimar el desguace de áreas del Estado. La apología oficial del linchamiento del ratero o el ladrón vulgar son la punta de lanza de una escalada represiva contra el pobrerío. La "justicia por mano propia", muy distinta de la justicia popular, es siempre ponderada en resguardo de la propiedad y alentada por los voceros policiales que liberan zonas para el robo y el verdadero crimen organizado, por los multimedios que lucran con la inseguridad, por los funcionarios que no resisten una auditoría de su patrimonio.

Las luchas en curso, las luchas por venir

Mientras los de arriba avanzan, los y las de abajo no nos quedamos quietos. De manera aún embrionaria y descoordinada, el pueblo da pelea por sus condiciones de vida. Tras la Marcha Federal, quedó en evidencia la disposición de amplios sectores a dar pelea, como también el carácter retardatario de las direcciones sindicales burocráticas. Las conducciones de CTERA y los distintos fragmentos de las CTA llaman a acciones, pero de manera espasmódica y dividiendo la lucha. Mientras plantean en declaraciones públicas la necesidad de un paro nacional, hacen poco por organizar desde abajo un plan de lucha en sus sectores, más temerosos de un desborde por abajo que de la avanzada de la propia patronal. A su vez, el papel de la recientemente unificada CGT queda en evidencia: acorde a la prédica de Massa (y coherente con la recepción de millones para las obras sociales que administran), prima la cautela, las entrevistas con funcionarios, el dialoguismo, el pedido limosnero de un bono de fin de año sin monto, pero no la concreción de un indispensable paro general.

En el plano defensivo, necesitamos con urgencia avanzar en acciones amplias y masivas contra el ajuste. Exigirle a la burocracia sindical que abandone su siesta, que no divida las luchas en curso, que concrete el llamado a un paro general. A su vez, con ese planteo debemos seguir empujando desde abajo, en cada espacio de laburo, en cada espacio multisectorial, reivindicando nuestra identidad como laburantes y lejos de cualquier cruzada "ciudadana". En el plano político, es cada vez más necesaria la construcción de un frente político y social que pelee por nuestros intereses de clase, desde el anticapitalismo y con clara perspectiva socialista. Nuestra expectativa, tampoco hoy, puede estar centrada en ningún mal menor. Ciertamente, los que pregonaban el "Patria o Buitres" y pagaron la deuda externa hasta el cansancio, y los que reabrieron el ciclo de endeudamiento externo, no son idénticos; no representan al mismo bloque del capital ni administran el Estado del mismo modo, pero sí obedecen a los mismos intereses de clase. Una clase que, justamente, no es la nuestra. Las opciones para nuestro pueblo no pueden ser elegir entre los que en su década ganada gobernaron de la mano de los que embolsan oro y derraman cianuro, o los que rápidamente les quitaron las retenciones y derechos de exportación a esas mismas mineras. La opción no puede ser escoger entre los que reprimen frente a Lear en la Panamericana o quienes nos apalean en Cresta Roja en la autopista Richieri; entre los que exoneran docentes en Tierra del Fuego o los que persiguen delegados y delegadas y arman listas para incrementar los despidos desde su Ministerio de Modernización. De nada sirve ver quién lidera el ránking del saqueo: si aquellos que fugan divisas rumbo a empresas offshore, o los que las almacenan en bolsos y dragones de hojalata.

Nuestro camino está marcado por la lucha: es la única alternativa que tiene la clase trabajadora para revertir la miseria capitalista. Ese camino lo marcan los compañeros y compañeras que no dan tregua y acamparon durante días en la Plaza de Mayo; lo marca el movimiento de mujeres que lucha contra el patriarcado, los femicidios y el oscurantismo; lo señalan los y las docentes y estatales que se organizan contra la privatización y los despidos. Una lucha que requiere de la unidad de acción e independencia de clase. Una pelea para que los que gerencian nuestra miseria y embolsan millones, alguna vez, dejen de ser quienes dirigen nuestro destino.

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