Nuevo sitio Ni una menos 2 Octubre 2016

Contra la violencia patriarcal: organización feminista y popular

En nuestro país muere una mujer cada 30 horas por violencia machista. Según datos de La Casa del Encuentro, entre 2008 y 2014 se registraron 1.808 femicidios; y durante el 2015 ocurrieron 286 casos. Es decir, 286 mujeres que fueron golpeadas, violadas, estranguladas, apuñaladas, incineradas. Las cifras del horror movilizaron a nuestra sociedad en las masivas marchas del “Ni una menos”. Sin embargo, nos queda mucho por andar.

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Es imprescindible entender que no se trata de casos aislados ni son crímenes pasionales. Los femicidios constituyen el último eslabón –el más extremo- de una larga cadena de violencias que se replican cotidianamente. La sociedad machista nos define como objetos sexuales, máquinas reproductoras y trabajadoras precarizadas.

El Estado sostiene prácticas machistas y violentas hacia las mujeres por medio de sus poderes e instituciones: las políticas de los sucesivos gobiernos no dan respuestas acordes a la gravedad de la violencia machista, el desmantelamiento del Programa Nacional de Salud Sexual y Procreación Responsable y el presupuesto insignificante, de $4 anuales por mujer, para la ley de Protección integral a las Mujeres, son muestras más que claras de lo que representamos para el Estado patriarcal. La mayoría de las veces, las mujeres asesinadas habían realizado múltiples denuncias previas dando cuenta de la violencia recibida y las mismas fueron desconocidas desde las instituciones estatales que debían protegerlas. Luego, el Poder Judicial la mayoría de las veces deja libres a los femicidas o los sanciona con condenas mínimas. La Iglesia, los medios masivos de comunicación y las políticas educativas nacionales reproducen este sistema violento estableciendo estereotipos de mujeres sumisas y varones agresivos como los modelos a seguir, que además deben constituir una familia heterosexual. Todas estas instituciones imponen el disciplinamiento de las mujeres, de modo que cumplamos el rol social que nos asignan, sin cuestionamientos ni objeciones.

También es violencia por parte del Estado y las patronales, la desigualdad de acceso a determinados puestos de trabajo, recibir un salario más bajo al de un varón y sufrir precarización laboral. La falta de oferta laboral y la nula posibilidad de acceso a viviendas, son parte del análisis que debemos hacer a la hora de explicar las violencias que desencadenan en femicidios. Entendemos que los violentos y femicidas son los hijos sanos del patriarcado, porque son lo que se debe esperar en un sistema que perpetúa la desigualdad entre varones y mujeres.

Todos los avances que hemos logrado responden a la organización y la lucha feminista. Nuestras expectativas no deben estar en el Estado ni en ningún partido tradicional y sus propuestas de leyes de maquillaje. Debemos confiar en nuestras propias fuerzas, en nuestra capacidad de autoorganización y lucha popular, entendiendo que la violencia machista no es un problema doméstico ni privado, sino político y social.


Basta de impunidad a femicidas y violentos

El Estado es responsable

Si tocan a una, nos organizamos miles

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