Nuevo sitio Por el derecho a decidir sobre nuestros cuerpos 2 Octubre 2016

El aborto clandestino es un femicidio de Estado

En Argentina, se registran más de 50 mil internaciones en hospitales públicos a causa de abortos inseguros, de los más de 500 mil abortos anuales que se practican. Los abortos inseguros constituyen una de las principales causas de mortalidad materna que se registra mayormente en las zonas más empobrecidas de nuestro país.

Por el derecho a decidir sobre nuestros cuerpos | El aborto clandestino es un femicidio de Estado

Son más de 100 las mujeres pobres que mueren al año por aborto clandestino, es decir por una causa absolutamente evitable. Desde 1983 hasta la fecha, más de 3 mil mujeres murieron en nuestro país por este motivo, la inmensa mayoría mujeres de sectores populares. La tarea constante de visibilización de esta alarmante estadística por parte de las organizaciones es central, ya que no hay registros oficiales claros.

Los tremendos números de muertes o consecuencias en la salud que resultan de la realización de abortos clandestinos son responsabilidad de la política estatal. Es preciso explicitar que la educación sexual resulta insuficiente, la dispensación de los métodos anticonceptivos no está ponderada en las políticas públicas y los embarazos muchísimas veces resultan de violaciones, dentro de la pareja o por parte de familiares o desconocidos, logrando así una terrible encerrona de las violencias machistas: a la vez que no protege de esta violencia, la redobla con la negativa al aborto.

A la vez, existe la paradoja de negar el derecho a acceder a un aborto legal, seguro y gratuito para la mayoría de las mujeres pobres mientras que algunas mujeres pueden realizárselo a cambio de mucho dinero en condiciones seguras, lo que promueve un importante negocio para quienes realizan estas prácticas en el ámbito privado. Por todo esto, afirmamos que las muertes por aborto clandestino constituyen un femicidio de Estado y que los gobiernos son responsables.

La suspensión de una charla en el colegio secundario porteño Pellegrini, los obstáculos que se acrecentaron en las consejerías pre y post aborto y la puesta en duda del protocolo de Interrupción Legal del Embarazo (ILE) son ejemplos claros de la posición del macrismo. Por su parte, el gobierno anterior tampoco avanzó en esta materia teniendo la posibilidad histórica de hacerlo, ya que Cristina jamás dudó en alinearse a la Iglesia y explicitar su oposición al derecho al aborto.

La lucha por la legalización del aborto significa también la reivindicación del derecho a decidir sobre nuestros cuerpos. La maternidad obligatoria –como único destino de las mujeres- constituye una forma de dominación y control de nuestros cuerpos. Históricamente ha sido impuesta como natural, llegando a homologarse mujer a madre -y viceversa. La sexualidad de las mujeres ha quedado reducida a la reproducción, negándonos así el derecho al placer. Este lugar social para nosotras, establecido por la división sexual del trabajo, responde a necesidades específicas del capitalismo: la reproducción cotidiana de la fuerza de trabajo. La monogamia y la heterosexualidad obligatorias son instituciones que también abonan en este sentido. Todo lo que se sale de estos parámetros es castigado, en algunos casos de manera explícita, en otros más veladamente.

El rol de la Iglesia -institución artífice del patriarcado por excelencia- es clave en la reproducción de estas ideas. Históricamente se ha opuesto al uso de anticonceptivos, a la educación sexual, al disfrute pleno de la sexualidad y a la elección de cómo y con quién vivirla. En consecuencia, se trata de un actor protagonista en la prohibición del aborto en nuestra sociedad y en la condena a las mujeres que, a pesar de todos los obstáculos, deciden interrumpir sus embarazos.


Educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir.

Separación de la Iglesia y el Estado.

Anulación de la condena de Belén.

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