Nuevo sitio Mendoza 30 Setiembre 2016

El debate sobre la violencia en la marcha contra los femicidios

La multitudinaria marcha de 10 mil personas contra los femicidios que tuvo lugar este miércoles en Mendoza acaparó la atención de todos los medios de comunicación provinciales. La prensa insistió una y otra vez en algunos hechos de lo que ellos llaman “violencia” y que se produjeron sobre el final de la jornada y le dio mucha menos importancia al conjunto de denuncias y exigencias que las organizaciones sacamos a las calles.

Mendoza | El debate sobre la violencia en la marcha contra los femicidios

A lo largo de la marcha para exigir justicia por las 3 jóvenes asesinadas recientemente en Mendoza y también en el acto de cierre, numerosas organizaciones populares denunciamos que los tres femicidios que produjeron una ola de repudios no son hechos aislados, sino que el hilo que los une se llama patriarcado, se llama violencia machista. Se llama opresión sobre las mujeres. Lejos de amplificar estos reclamos, los medios masivos de comunicación echaron mano a un viejo y conocido truco: correr el foco de la cuestión central y hacer hincapié una y otra vez en los hechos de "violencia" que tuvieron lugar al cierre de la movilización.

Compañeras y compañeros que habían sido parte de esta marcha entraron a la Legislatura provincial y rompieron una parte del mobiliario. Luego, salieron del recinto, "escracharon" la puerta del edificio y encendieron un fuego en el lugar, que no tuvo mayores consecuencias. Ni lerda ni perezosa para estos casos, la policía echó gas lacrimógeno, dispararon con balas de goma y, según declaraciones en los diarios, detuvieron a 5 personas y están en busca de otras 70. Esos son los hechos.

Los medios de comunicación hegemónicos y los políticos de turno que pusieron el eje informativo ahí, les bastó con condolerse y decir que están haciendo todo lo posible, que los responsables van a pagar. El hondo contenido político de la movilización, la profunda denuncia contra el sistema patriarcal y la responsabilidad estatal se oculta. No se dice que los responsables de los femicidios no son sólo las manos ejecutoras, sino también el Estado que promueve políticas machistas, no previene, que ampara machos violentos, que omite, que no actúa y que, por lo tanto es cómplice de las muertes de cientos de mujeres, cuyo número récords cada año. Y de esta manera, ocultando bajo la pátina de tristeza hipócrita, se esconde el fondo de la cuestión: cambiar nuestra sociedad de raíz.

La primera plana la ocupó el coro entusiasta de repudiadores de la violencia popular, al que se sumaron los canales de televisión, diarios y la vicegobernadora Montero. Los argumentos fueron los siguientes: "Es una marcha contra la violencia, por lo tanto, debe ser pacífica: es incoherente actuar violentamente"; "Lo sucedido es producto del accionar de unos pocos grupos de militantes que buscan politizar la marcha y generar más violencia"; y por último, el más importante de todos: "Toda violencia es negativa. Toda violencia debe ser repudiada". Respondemos a esos argumentos uno por uno.

1. "Es una marcha contra la violencia, por lo tanto, debe ser pacífica: es incoherente actuar violentamente."

No es una marcha contra la violencia, como fenómeno en sí mismo. Es una acción de lucha contra la violencia patriarcal, machista. Es decir, un tipo específico de agresión que ejercen varones contra mujeres, travestis y transexuales, que tiene diversas manifestaciones y que, en numerosos casos, se resuelve de forma extrema con el femicidio. Existen formas muy sutiles de hostigar y violentar a las mujeres: relegándolas de espacios de poder, pagándoles sueldos más bajos que a varones por tareas iguales, condenándolas a las tareas del hogar y a la crianza de los hijos, con palabras que hieren su intimidad y autoestima, cosificándolas, secuestrándolas y obligándolas a prostituirse, consumiendo prostitución, golpeándolas. Asesinándolas.

A esas violencias se debe combatir por todos los medios: con la educación, con la desnaturalización de las relaciones patriarcales heredadas, con la denuncia, y también, cuando sea necesario, con la autodefensa. Vamos a un ejemplo concreto: si una mujer es agredida y utiliza violencia para defenderse: ¿ambas violencias son equiparables, ambas repudiables? La respuesta es NO. Quien utiliza la violencia para oprimir, actúa criminalmente; quien la utiliza para defenderse de la opresión, está haciendo uso de ese método en condiciones que no ha elegido y porque no tiene más opción que hacerlo.

2. "Toda violencia es negativa. Toda violencia debe ser repudiada".

En primer lugar, hay que decir que, a pesar de los dichos de políticos y comunicadores, el Estado promueve y habilita diversas formas de violencia. ¿Qué son sino los dichos del presidente Mauricio Macri defendiendo al carnicero que asesinó a un ladrón? ¿Qué son sino los dichos de numerosos periodistas de los multimedios avalando el linchamiento de pibes pobres? El Estado avala y promueve la violencia de pobres contra pobres y condena duramente cuando los pobres se rebelan contra los ricos. Así también, las manifestaciones, movilizaciones de trabajadores, piquetes, cortes de ruta son objeto de durísimas críticas y ataques por parte de gobernantes y periodistas. El Estado avala y promueve el odio y la violencia contra las acciones colectivas y así, encuentra consenso para reprimir a la lucha popular, procesar dirigentes y también, como ha sucedido con cientos de compañeras y compañeros, asesinar luchadores/as populares.

En segundo lugar, hay una abismal diferencia entre la violencia (represión) que puede ejercer el Estado a la que pueden ejercer organizaciones populares. El Estado burgués cuenta con personal profesional, con el armamento y con consenso social para reprimir; las organizaciones populares, no. Es decir, aún cuando se ejerza violencia desde el pueblo, siempre es de forma desigual. Pero lo más importante es comprender en qué condiciones se llega al empleo de la violencia colectiva y popular. Para esto, hay que comprender que las luchas se dan en condiciones adversas, en condiciones que no se eligen y que los mecanismos de los que dispone el Estado para canalizar demandas son deliberadamente un fracaso para transformar a fondo nuestras condiciones de vida. Toda lucha liberadora, emancipadora que pretenda llegar a fondo encontrará en su camino el muro del Estado y de los intereses de los poderosos para impedir su triunfo. Y en última instancia, una lucha verdadera, que busca cambiar todo de raíz, en algún punto debe utilizar como método la violencia. ¿Cómo se comprende sino que San Martín creara un ejército para terminar con el dominio colonial? ¿Cómo hizo el pueblo francés para terminar con el dominio monárquico en la Revolución Francesa? ¿Cómo pusieron fin a la opresión zarista los obreros rusos en 1917? ¿Cómo resistieron los obreros franceses e italianos al fascismo? ¿Cómo triunfó el pueblo cubano sobre la dictadura de Batista? ¿Cómo derrotó el pueblo vietnamita al imperialismo francés y estadounidense? Con la violencia popular organizada.

A pesar de que las instituciones educativas, la academia y los medios de comunicación construyen una historia idealizada, limpia de sudor y sangre, lo cierto es que los todos los procesos de liberación que ha llevado a fondo la humanidad en algún momento debieron resolverse por métodos violentos. Y que esa resolución no fue una libre elección; fueron las condiciones que los poderosos de cada momento histórico impusieron en la lucha.

En última instancia, la promoción o el repudio de ciertos tipos de violencia responde a un criterio de clase: la violencia contra el pueblo, la que debilita a nuestra clase es válida; la que se emplea como forma colectiva de lucha y que tiene fines emancipadores se repudia y reprime.

No defendemos la violencia porque sí; no creemos que la violencia sea utilizable siempre y en cualquier circunstancia. Pero estamos convencidas y convencidos de que los explotadores, los opresores la utilizan deliberadamente para perpetuar sus privilegios y que en ciertos momentos la violencia organizada desde el pueblo es legítima y necesaria si sirve para terminar con las cadenas que lo ata y somete.

3. "Lo sucedido es producto del accionar de unos pocos grupos de militantes que buscan politizar la marcha y generar más violencia."

En repetidas ocasiones se intenta deslegitimar las luchas populares –gremiales, feministas, estudiantiles, barriales, etc.– por la presencia de organizaciones políticas. En el fondo, quienes insisten en esta idea, lo que buscan es generar desconfianza en las organizaciones de izquierda, populares para fortalecer la posición de partidos políticos patronales como la UCR y el PJ que actúan promoviendo prejuicios políticos e insistiendo que las luchas sectoriales no tienen nada que ver con la esfera política.

Se trata de un argumento que no resiste el menor análisis. En primer lugar, porque todas las acciones humanas que realizamos en nuestra vida, tanto privada como pública, son acciones políticas. Es decir, son acciones que realizamos en un contexto social determinado, en circunstancias sociales determinadas, con los valores heredados y aprendidos en una cultura determinada. Nadie es por fuera del conjunto social en el cual nace, se educa, trabaja y reproduce. Pero además, las organizaciones políticas somos parte del pueblo: somos trabajadoras y trabajadores, estudiantes, mujeres que también sufrimos la violencia machista, la represión del Estado, también vivimos en los barrios y por lo tanto las luchas del pueblo son nuestras luchas. Somos parte del pueblo. Y además, estamos convencidos y convencidas que todas las luchas sectoriales deben tener un horizonte común que es político y que consiste en dar la pelea definitiva para terminar con la sociedad que explota y oprime; para terminar con el patriarcado y el capitalismo.

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Izquierda Revolucionaria (Mendoza)
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