Nuevo sitio Idas y vueltas de la conducción cegetista 26 Setiembre 2016

Un largo camino al paro

La conducción de la CGT definió parar pero no le puso fecha, en una respuesta a medias frente las presiones que surgen desde las bases y al interior de la Central. En las próximas semanas, el gobierno macrista intentará evitar la medida de fuerza con algún anuncio económico.

Idas y vueltas de la conducción cegetista | Un largo camino al paro

El viernes 23 de septiembre sesionó el Comité Central Confederal de la CGT donde representantes de 140 gremios resolvieron llevar adelante un paro pero no le pusieron fecha. La resolución a medias expresa las tensiones de una Central que pese a la unificación del 22 de agosto no cuenta con la elemental unidad necesaria para convocar a esta medida.

La instalación de la necesidad urgente del paro, tanto mediáticamente como en la base de cada uno de los gremios (incluso en los dirigidos por la burocracia sindical más amarilla que apacigua las posibilidades de la medida), es fruto de la presión por abajo de distintos sectores que desde principio de año vienen llevando adelante masivas movilizaciones contra el ajuste.

Entre los sindicatos de sectores estratégicos, sobresale el rol de la Federación Aceitera, que viene sosteniendo desde hace meses la necesidad de la huelga general con movilización, consigna con la cual marcharon el 29 de abril al Monumento al Trabajo -donde desplegaron un globo aerostático con ese planteo-; el 2 de junio junto a las CTA's a Plaza de Mayo en un marco de un paro nacional de su sector y el 2 de septiembre en la Marcha Federal.

Otro sector de la CGT que viene planteando la necesidad de una medida de esa naturaleza es la Corriente Federal, nuevamente a través del bancario Palazzo. Es la fracción en la que se encuadra un núcleo más confrontativo de la burocracia sindical vinculado al kirchnerismo. Se trata de sectores que boicotean y evitan luchas, como Reguera (Aceiteros San Lorenzo), que carnerea sistemáticamente las luchas en su sector defendiendo los intereses de las patronales; o, por fuera de la Corriente Federal, el SATSAID, que entregó trabajadores en reiteradas oportunidades en lo que va del año, pero que en la coyuntura actual se vuelca a la huelga y presiona desde esas posiciones sobre el delicado equilibrio político del triunvirato de conducción cegetista.

Para los sectores burocráticos, el paro será la posibilidad de darse legitimidad y de mostrar su capacidad de presión frente a un gobierno con el que intentarán negociar cada vez que puedan, como lo vienen demostrando. A su vez, es un lugar desde donde el Frente Renovador, que cuenta con dos Secretarios Generales propios en el triunvirato (Daer y el barrionuevista Acuña), buscará crecer en la interna peronista. Por su parte, a través de Juan Carlos Schmidt y del Adjunto, Pablo Moyano, el moyanismo insiste con ir al paro y teje alianzas también con sectores vinculados al Vaticano, como lo demostró el seminario que encabezó el referente de Dragado y Balizamiento, junto a Juan Grabois y diferentes sectores de la Iglesia Católica este fin de semana en la sede de Azopardo.

En tanto, para los sectores combativos, el paro será la posibilidad de expresar y masificar la bronca que existe por abajo, de potenciar la lucha que se viene canalizando en huelgas sectoriales y distintos tipos de movilizaciones contra el ajuste, los despidos y los tarifazos. Será central intervenir con perfil propio para que el paro no sea una medida dominguera sino una jornada de lucha que redoble la presión a las centrales sindicales porque sólo con un plan de lucha escalonado es posible derrotar las políticas de ajuste del gobierno de Macri.

En todos los casos cabe señalar que si dado el carácter netamente antipopular de las medidas gubernamentales el paro aparece como una respuesta inexorable; no necesariamente lo es para la dirección cegetista que por las dudas deja abierta alguna puerta para la negociación a contrarreloj.

Por allí intentará colarse en las próximas semanas el gobierno macrista con alguna concesión económica que retrase la medida de fuerza hasta nuevo aviso o, cuanto menos, la reconvierta en una acción inofensiva. Si bien resulta bastante improbable que pueda lograrlo, con los antecedentes conocidos de la conducción cegetista, nadie puede descartar de plano que ése sea un escenario imposible.

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