Nuevo sitio A 61 años de golpe de 1955 18 Setiembre 2016

Un Golpe gorila contra el pueblo trabajador

Entre el 16 y el 23 de septiembre de 1955 se extendió el alzamiento militar que derrocó a Juan Domingo Perón. Con una dimensión asesina nunca antes vista, con miles de muertos en unos cuantos meses, los militares de la mano de Aramburu volvían a adueñarse del gobierno.

 A 61 años de golpe de 1955 | Un Golpe gorila contra el pueblo trabajador

Tres meses después de que bombardearan Plaza de Mayo, en junio de 1955, asesinando a cientos de personas, finalmente las Fuerzas Armadas volvieron a coincidir en la necesidad de intervenir políticamente para "salvar a la Patria", derrocando a un gobierno que había sido electo con más del 60% de los votos.

Con una política pendular que iba desde el nacionalismo populista a los acuerdos con las empresas estadounidenses (sobre todo petroleras), los últimos meses del segundo gobierno peronista reflejaron un incremento en los enfrentamientos con todos los sectores sociales. Incluso con paros y movilizaciones de gran magnitud, encabezadas por las bases obreras.

La autodenominada "Revolución Libertadora" (o "Revolución Fusiladora", tras la extraordinaria reconstrucción que Rodolfo Walsh hizo sobre los casos de José León Suárez en su libro "Operación Masacre"), fue la forma de intervención de los sectores más conservadores y concentrados de la oligarquía argentina.

El primer antecedente histórico lo podemos encontrar durante el segundo gobierno de Hipólito Yrigoyen, cuando el General Félix Uriburu lo derrocó en 1930. Se continuaría luego una andanada de dictaduras militares y gobiernos civiles tutelados. En cada uno de los casos que precedieron al golpe de 1955 (tanto en 1930 como en 1943, y que desde luego en 1962, 1966 y 1976 no estaría ausente), la excusa para los golpes de Estado fue la misma: "una crisis como nunca se ha vivido, tanto en lo económico como en lo político y social", que requería la intervención militar, la supresión de la participación popular, y el necesario reacomodamiento político e ideológico de la sociedad.

La autoproclamada "Libertadora" duró tres años. Luego de un breve gobierno del General Eduardo Lonardi asumió la figura central del golpe: el General Pedro Eugenio Aramburu. Desde luego, no gobernaban solos: expresaban a los sectores más concentrados del poder económico y contaban con el apoyo de representantes de los partidos de oposición (en particular la UCR), quienes ocupaban cargos ejecutivos y consultivos en todos los niveles. A ello se sumó la connivencia de una fracción del peronismo que se hizo cargo de la CGT, mientras los antiguos dirigentes eran perseguidos, los trabajadores despedidos y otros tantos presos o asesinados.

El golpe de 1955 fue un ataque directo a la clase trabajadora. Se persiguió a gran parte de la dirigencia sindical peronista y a la comunista, prohibiendo el funcionamiento de sindicatos y la propia CGT, y enviando a muchos referentes a la cárcel. El empresariado buscó revancha: recuperó terreno al interior de la fábrica, ganando mayor control en el proceso de trabajo y ante la organización sindical, en un ataque directo a las comisiones internas y los derechos generales de la clase obrera.

Entre los ataques a las masas trabajadoras y su vida cotidiana se destaca el intento de "desperonizar" a la sociedad, llegando hasta el absurdo de impedir la pronunciación pública del nombre de Perón y Eva, sumado a la proscripción del partido, la imposibilidad de participación electoral, y la persecución de militantes. El fracaso de este intento fue rotundo.

La resistencia

La "revancha clasista" de las patronales encontró respuesta por parte de los trabajadores. Con el principal partido proscripto, y el sindicalismo formal obturado por las intervenciones y los desplazamientos, los trabajadores desplegaron formas de acción y organización propias que dieron cuenta de su rechazo rotundo al gobierno militar empresarial y de su predisposición a la pelea.

Ante la prohibición del peronismo, la resistencia fue en gran medida "peronista": las pintadas en las calles por la vuelta de Perón, los cantos de la marcha peronista, o la colocación de retratos de Evita en lugares que no llegaban a ser vistos por la represión, dieron cuenta de este despliegue de un peronismo reconstruido desde la resistencia popular.

En las fábricas la resistencia fue obrera. En ella convergieron peronistas y no peronistas contra la ofensiva patronal. El ausentismo, el trabajo a reglamento, el boicot, los paros relámpago, entre otras formas, dieron cuenta del protagonismo de una clase trabajadora que había querido ser disciplinada pero seguí activa e intervenía en la lucha por voluntad propia.

En los años sucesivos, una parte del peronismo aprovechó la ausencia del líder para colocarse en el lugar de mediador y acumular un poder propio. El ascenso de Vandor como principal figura del sindicalismo argentino dará cuenta de esa perspectiva burocrática.

Pero a su vez, la resistencia abrió una perspectiva importante que empalmó con el cambio de época latinoamericano (marcado por la revolución boliviana de 1952, el golpe de 1954 contra Arbenz y el inicio de la guerra revolucionaria cubana en 1956). Los trabajadores hijos de la resistencia, una gran parte de ellos peronistas, iniciaron un recorrido propio que abonaría la acumulación de una fuerza revolucionaria en gestación, escindiéndose del condicionamiento de los partidos patronales y del Estado.

El golpe del 55 de marcada impronta antipopular expresó así, el intento patronal y oligárquico de aplastar al movimiento obrero que había ganado enorme peso en el marco de la sindicalización de la década de gobierno peronista. La respuesta ante esa avanzada fue distinta: Perón se negó a dar armas a los trabajadores e intentó reorganizarse desde el exilio en la España de Franco, y parte de la nueva dirigencia de la CGT aprovechó para consolidar un poder burocrático. Pero a su vez millones de trabajadores, gran parte de ellos peronistas, se forjaron en la lucha contra la dictadura y las patronales, desarrollando una perspectiva combativa y con creciente independencia, cuya síntesis, una década después, se expresará en el auge obrero iniciado por el Cordobazo.

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