Nuevo sitio Las violencias del sistema 17 Setiembre 2016

La justificación de lo injustificable

En los últimos días, se ha vuelto a instalar desde los medios de comunicación la discusión sobre lo que las voces reacccionarias llaman “justicia por mano propia” a partir de los casos del médico, el remisero y el carnicero que mataron a quienes los habían robado. La exaltación del “justiciero” o del “vengador” busca en definitiva la justificación de crímenes brutales y son la punta de lanza para seguir promoviendo políticas represivas.

Las violencias del sistema | La justificación de lo injustificable

En forma cíclica reaparece en la opinión pública(da) el debate sobre lo que la mayoría de los medios llama "justicia por mano propia". El detonante puede ser un abogado, un médico, un remisero o un carnicero, que mató para defender o recuperar su propiedad. A veces usan su arma, como el abogado del microcentro o el médico que escondía la pistola en el cantero, o desarman al ladrón y le disparan cuando huye, como el remisero, o lo corren con el auto, lo atropellan y le pasan varias veces por encima, como el carnicero. Cualquiera sea la variante, después de cada uno de esos hechos, (igual que ocurrió en los '90 con el ingeniero Santos, ése que inspiró a alguno a hacer un calco para la ventanilla del auto que decía, en lugar de "No tengo pasacasette", "Tengo pasacasette y soy ingeniero"), retumban las opiniones de expertos, no tan expertos, comunicadores, políticos y funcionarios que asumen la defensa del que mató.

Nunca falta la cita de autoridad de la Biblia y su "ojo por ojo, diente por diente". Un clásico que encierra una falacia: si se tratara de pagar con la misma moneda, al ladrón no habría que matarlo, sino robarle algo. Es que aún el precepto bíblico encierra, a su modo, una de las premisas técnicas para que se pueda hablar de "legítima defensa": la necesidad racional del medio empleado para defenderse de una agresión ilegítima. No se defiende, sino que ataca, el que dispara por la espalda al que huye o el que dispara sobre alguien desarmado. Ni que hablar del que persigue, atropella y arrolla reiteradamente con un automotor.

Mucho más grave que las ardorosas defensas de los "justicieros" por parte de ciertos "comunicadores" -con titulares históricos como aquel "1 a 0" en título catástrofe del diario Crónica en abril de 2010- es la intervención de funcionarios públicos, sobre todo cuando, además de usar el tema para promover sus políticas represivas, no se privan de dar instrucciones al poder judicial.

Acaba de suceder con el carnicero de Zárate. Menos de 24 horas después que un terminante presidente Mauricio Macri exigiera que "debe esperar en su casa con su familia que la justicia decida", se resolvió su excarcelación. Justicia independiente, claro, del rey de España, no del poder ejecutivo nacional. Camino similar siguió el juez que devolvió a su casa al médico de la 9 mm en el cantero, apenas la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, dijo "seamos claros, él es la víctima". De la tentativa de robo, sin dudas. Pero en el homicidio, la víctima es el muerto, diría Perogrullo.

La idea que se impone con la exaltación del "justiciero" o el "vengador", como dice la prensa no sólo amarilla, es la misma que avala los linchamientos, que vienen creciendo de la mano del aumento de la marginalidad social y tienden a naturalizarse. Entonces, como el tipo es un comerciante que "no sabe qué le pasó" pero quería "recuperar lo que le costó tanto trabajo", se justifica un crimen brutal. Los que lo defienden, y no es un detalle menor, son los mismos que, en cambio, exigen poco menos que perpetua para un conductor imprudente que arrolla un peatón.

Mientras más del 80% de los presos en cárceles federales y provinciales está acusado por delitos menos graves que el homicidio; el médico, el carnicero o el remisero fueron rápidamente liberados. Es la justicia de clase, que con la misma rapidez libera (o nunca encarcela) a policías o gendarmes procesados, o incluso condenados, por delitos que acarrean prisión perpetua o penas de hasta 25 años de prisión.

De nada sirve juzgar conductas reprochables, como el hurto y el robo, desde un sistema violento en sí mismo, que nos despoja de la dignidad humana, y revalida conductas peores.

Buscarle la salida práctica a la doble moral, al doble estándar de los delitos, a la esquizofrenia de incentivar el consumo y negárselo a las amplias mayorías, es como buscar la cuadratura del círculo. Nuestro esfuerzo debe orientarse a construir las herramientas emancipadoras para liberarnos del sistema capitalista y toda su podredumbre.

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María del Carmen Verdú
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María del Carmen Verdú

Abogada, referente nacional de la lucha antirrepresiva.