Nuevo sitio Diez años sin Julio López 7 Setiembre 2016

La memoria sigue ardiendo

Es 18 de septiembre de 2006, día en que comienzan los alegatos de las querellas contra Miguel Osvaldo Etchecolatz. Uno de los testigos, Jorge Julio López, nunca llega a los tribunales platenses.

Edición N° 17

A Vencer (septiembre-2016)

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Diez años sin Julio López | La memoria sigue ardiendo

Ese día, por la mañana, este laburante, albañil de 77 años salió de su casa del barrio Los Hornos, La Plata y desapareció por segunda vez en su vida. Este mes se cumplen 10 años de esa desaparición producida en democracia que dejó al descubierto que la represión en el Estado capitalista está intacta y que las redes de impunidad funcionan a la perfección, ya que luego de una década nada se sabe de su paradero.

En los años setenta, Julio López fue militante de la agrupación Juan Pablo Maestre de la Juventud Peronista. A causa de ello, un grupo de tareas dirigido por Miguel Etchecolatz lo secuestró el 27 de octubre de 1976. Estuvo detenido y fue torturado en el Pozo de Arana. Pudo salir en libertad a mediados de 1979.

Fue necesario que transcurrieran décadas hasta que este sobreviviente del terrorismo de Estado pudiera dar testimonio de lo vivido y aportar pruebas para condenar a Miguel Etchecolatz, mano derecha del General Ramón Camps. Con su relato, López además ayudó a conocer el paradero de otros compañeros desaparecidos, aportó pruebas sobre varios represores más e hizo una defensa de la militancia y de su colaboración con la organización Montoneros: "Y con orgullo se lo digo, con orgullo –dijo ante Leopoldo Schiffrin en 2006–. Y si no, júzguenme, con orgullo… Porque fueron unos pibes que salieron a defender a la Argentina".

Un día después de la segunda desaparición de López, Miguel Etchecolatz fue condenado a cadena perpetua por delitos de lesa humanidad. Y hasta la fecha se han acumulado cuatro condenas por los delitos de desaparición forzada, tortura y homicidio. Es que este genocida fue Director de Investigaciones de la Provincia de Buenos Aires durante la última dictadura y mano derecha del General Ramón Camps. Desde ese rol fue responsable del operativo que derivó en la "Noche de los Lápices" y del funcionamiento de los 21 campos clandestinos de detención en la provincia.

En 1985 fue condenado a 23 años de prisión por graves violaciones a los derechos humanos en 73 casos, pero luego quedó en libertad al recibir el beneficio de la ley de Obediencia Debida, bajo el gobierno de Raúl Alfonsín. Luego, en el año 2000 se le inició un proceso por el homicidio de Diana Teruggi, el 24 de noviembre de 1976, y la desaparición de su bebé Clara Anahí Mariani. Se lo acusó de la privación ilegal de la libertad, torturas y homicidio de Patricia Dell Orto, Ambrosio De Marco, Nora Formiga, Elena Arce y Margarita Delgado; y la privación ilegal de la libertad y torturas de Nilda Emma Eloy y el propio Jorge Julio López.

Una década después

Ha pasado una década y nada se sabe sobre López. La causa estuvo parada durante años y a pesar de la acumulación de información disponible al Poder Judicial, nada se ha hecho. Existen millones de llamadas telefónicas que nunca se analizaron y tampoco se avanzó en hipótesis, exceptuando la que ponía bajo a la lupa a Rubén López, el hijo de Julio.

Durante los años de gobierno kirchnerista se negó y ocultó. No es casual la tristemente célebre frase de Cristina Kirchner, que en 2013 dijo: "Hoy afortunadamente nadie puede desaparecer de ningún lado." Al coro de los cínicos se sumó Aníbal Fernández afirmando que "Estará en la casa de una tía"; el secretario de Derechos Humanos, Eduardo Luis Duhalde, propuso la hipótesis de un "shock emocional de López por el hecho de haber revivido su paso por el Pozo de Arana en su testimonio"; Hebe de Bonafini arremetió contra la víctima, de quien dijo: "No es un típico desaparecido", y señaló que "por algo" vivía en un barrio como Los Hornos, "donde hay muchos policías." Estela de Carlotto, por su parte, insinuó que debía "estar perdido por ahí".

Bajo el nuevo gobierno de Cambiemos, la perspectiva no es mejor. La decisión política de Macri es retornar a la vieja y consabida teoría de los dos demonios, remozada bajo el término "guerra sucia". Así fue como describió al terrorismo de Estado en una entrevista al portal BuzzFed el pasado 10 de agosto: "Es un debate en el que no voy a entrar. [Los desaparecidos] No sé si fueron 9.000 o 30.000, si son los que están anotados en un muro o muchos más. La guerra sucia fue una horrible tragedia, lo peor que nos pasó en nuestra historia y no pasa por un número." Como si esto fuera poco, también ha insistido en la necesidad de "dejar atrás enfrentamientos y divisiones" con las Fuerzas Armadas y pidió en mayo de este año "que se deje de cuestionar su rol."

Han pasado diez años de la segunda desaparición de López. Y el Estado capitalista sigue ofreciéndonos olvido, perdón y reconciliación. ¿De qué otro modo puede interpretarse sino el discurso oficial, pero además, la prisión domiciliaria otorgada al mismísimo Etchecolatz el pasado 20 de agosto?

Las y los hijos del pueblo seguimos diciendo que hasta que no haya justicia para las y los 30.000 y para Julio López no cesará la lucha y seguiremos levantando las banderas que dicen que no olvidamos, no perdonamos y no nos reconciliamos. Como escribió hace décadas Francisco "Paco" Urondo, "…arderá la memoria hasta que todo sea como lo soñamos…".

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Izquierda Revolucionaria
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