Nuevo sitio No aceptemos lo habitual como cosa natural 6 Setiembre 2016

Canonización de la Madre Teresa de Calcuta

El Papa Francisco proclamó la santidad de la madre Teresa de Calcuta el pasado domingo en el Vaticano ante más de cien mil personas. Esta fiel militante del catolicismo más ortodoxo y por lo tanto de la perpetuidad del funcionamiento de este sistema social basado en la explotación y la desigualdad tiene ahora el status de “santa”.

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En estos tiempos en los que la derecha avanza en nuestro continente, la crisis económica estalla en Europa y en nombre de Dios la muerte "escombrosa" destruye Medio Oriente, quien nos supo decir que "teníamos derecho a vivir en la opulencia sin olvidar compartir con los menos afortunados", como si la pobreza y la riqueza fuesen cosas del azar, es reconocida por la cúpula de la Iglesia Católica por haber "defendido la vida humana".

Esto no sorprende porque la Iglesia, implicada históricamente en cada uno de los crímenes de lesa humanidad sufridos por los pueblos, jamás dejaría de buscar perpetuarse en su rol de subsumir. Y en esa búsqueda, no va a abandonar el método de ocultar aberraciones. Porque es aberrante su responsabilidad histórica de excluir lo colectivo, de empeñarse en disolver el conflicto que nos ocupa a cada uno y cada una de nosotras, para que en vez de que podamos concebirlo como social y político lo vivenciemos como individual y privado.

La madre Teresa de Calcuta, mientras recibía el Premio Nobel de la Paz dijo que "si una madre puede asesinar a su propio niño en su propia matriz, ¿qué nos detiene a ustedes y a mí, de matarnos entre nosotros?". Esta mujer que llevaba la agenda de la derecha cristiana promulgando la prohibición del aborto, la anticoncepción y las relaciones homosexuales o "indebidas", como las llamaba; es santificada a semanas de que con la movilización, la organización y la lucha hayamos logrado la liberación de Belén, la joven tucumana que después de haber sufrido un aborto espontaneo pasó dos años presa sin condena, y a la que la justicia con la complicidad de la medicina institucional y la Iglesia quiso condenar por ocho años más de encierro.

Lo que se vuelve preocupante es que con esta conmemoración se valora una obra basada en donaciones millonarias con cuentas secretas en el Vaticano. Las misiones de caridad recibían aportes de millonarios y millonarias del mundo entero y contaron y cuentan con el apoyo de funcionarias y funcionarios implicados en épocas oscuras de la historia social: son de público conocimiento los encuentros que la Madre Teresa mantuvo con Ronald Reagan, Margaret Tatcher, Francois Duvalier, entre otros. Se conmemora así a alguien que más que defender la vida humana defendió la concepción cristiana del sufrimiento, al afirmar que "hay algo muy bello en ver a los pobres aceptar su suerte".

Y esto preocupa también en el más acá, en nuestros días concretos, porque vemos a diario como se invoca a ese supuesto sufrimiento que merece el pueblo. Como si nuestra suerte, la que deberíamos aceptar, sea la de perdonar a los violadores, a los que hacen caso omiso a las redes de trata. Como si estuviésemos destinados a perder el trabajo o, en el mejor de los casos, a trabajar bajo condiciones contractuales nefastas con sueldos miserables. Como si estuviese escrito proféticamente que las condiciones habitacionales sean privativas, el acceso a la salud pública y a la educación de calidad utópicas y pagar los servicios un sueño casi imposible de cumplir.

Su vuelve urgente no permitir que las mentiras se conviertan en la historia. La riqueza y la pobreza no son cosas del azar, tampoco decisiones de un poder divino. La riqueza no es inocente de la pobreza, y como dijo Bertolt Brecht, "nada debe parecernos imposible de cambiar".

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Izquierda Revolucionaria
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