Nuevo sitio Internacional 31 Agosto 2016

El golpe en Brasil, otro capítulo de la ofensiva derechista en América Latina

Con el voto de 61 legisladores a favor, y 20 en contra, el senado brasileño resolvió la destitución definitiva de la presidenta Dilma Rousseff, quien había sido suspendida en sus funciones meses atrás. Se trata de un hecho reaccionario enmarcado en una restauración conservadora a nivel continental, que conlleva profundas consecuencias para las masas populares de Brasil y la región.

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Tras comparecer en forma personal para realizar su defensa final, Dilma y el PT enfrentaron la votación en el senado prácticamente resignados, ya sabiendo que la oposición contaba con una abrumadora mayoría numérica y política, con los antiguos aliados de su coalición gobernante como parte impulsora de la destitución.


De nada sirve aclarar lo grotesco de la situación al ver que el 60% de los senadores tienen causas pendientes con la justicia, que el antiguo presidente de la cámara Eduardo Cunha y uno de los principales acusadores de Dilma tuvo que renunciar a su cargo por corrupto, o que en los primeros 40 días de gestión del vicepresidente Temer hayan tenido que renunciar 3 de los nuevos ministros también implicados en hechos de corrupción. La totalidad del sistema político brasilero se encuentra en crisis al develarse las gigantescas maniobras de desvío de fondos públicos que en la última década se realizaron para beneficio de figuras de todos los principales partidos. El escándalo del Petrolao y Lava Jato, demostró que a medida que se sigue hurgando en la investigación más y más personas quedan implicadas, avizorando que la actual crisis política en Brasil no podrá ser saldada fácilmente ni por Temer ni por ningún otro representante del ajuste que tome su lugar.


Ante el escenario del impeachment -párrafo aparte merecen el tecnicismo de ésta medida y su dureza en relación con las acusaciones sobre la presidente- la política llevada a cabo por Dilma y Lula fue evitar la destitución a través de recomponer la alianza con una fracción de la burguesía buscando una salida "ordenada" a la crisis vía adelantamiento de elecciones. Esto demostró en los hechos una visión errada del escenario político, donde el imperialismo dejó en claro que ya no le sirven los gobiernos "progresistas" a través de los cuales se enriqueció la última década, y pese al ajuste iniciado por estos impulsó el recambio por derecha.


El golpe institucional tuvo su resistencia en las calles, donde pese al poco impulso por parte del PT, movimientos como el de ¡Fuera Temer! tuvieron movilizaciones de envergadura, empujadas como respuesta al brutal ajuste antiobrero que se viene llevando a cabo en Brasil desde el año pasado. Pese a esto no fue posible aún lograr una articulación tal que logre frenar el avance derechista, donde por ejemplo los recientes despidos en Mercedes Benz anticipan que el nuevo gobierno sigue firme en la tarea de garantizar un ajuste a favor de las patronales, lo que producirá fuertes choques con las clases populares.


Esta ofensiva derechista en América Latina contra los gobiernos "nacionales y populares" de la región se apoya en las debilidades estructurales que estos proyectos dejaron para avanzar en una agenda a favor de los intereses de las y los trabajadores. El desplazamiento forzado de Rousseff en Brasil se inscribe en ese marco, que tuvo sus antecedentes en los golpes en Honduras y Paraguay, el triunfo del macrismo en Argentina y que aspira a continuar con el revocatorio contra Maduro en Venezuela, con las importantes diferencias de cada proceso.


En este sentido, desde las organizaciones que nos reclamamos anticapitalistas, corresponde enfrentar este avance imperialista con todas nuestras fuerzas y pone de relieve la necesidad de un serio esfuerzo y reflexión sobre las tareas pendientes para poner en pie un polo político capaz de frenar a la derecha y superar las limitaciones de los proyectos reformistas, logrando avanzar hacia el único camino que entendemos podrá solucionar los problemas estructurales de nuestro pueblo: el socialismo.

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Izquierda Revolucionaria -  Hombre Nuevo
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