Nuevo sitio Recuperación histórica 17 Agosto 2016

San Martin y la Estrategia Libertadora

El 17 de agosto de 1850 José Francisco de San Martín abandonaba este mundo material en las lejanas tierras de Boulogne-sur-Mer, Francia. La muerte del hombre dio paso a la vida del héroe y del símbolo y con ello a la disputa sobre la construcción y apropiación de su identidad. Padre de la patria, Libertador, Gran General, traidor que le dio la espalda a la metrópolis, mulato y paraguayo fueron algunas de las categorías en que quisieron catalogarlo.

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El repaso sobre la obra sanmartiniana presupone al menos desacralizar al héroe, rompiendo con la hagiografía construida por la historiografía mitrista. La construcción del panteón de próceres, en el marco de la creación del Estado-nación argentino, fue una herramienta utilizada por nuestra clases dominantes, quienes desde siempre fueron conscientes de la importancia de tener el monopolio legítimo del discurso histórico, para presentar imágenes fragmentadas de nuestro pasado, inconexa de experiencias previas de lucha, de la cultura creada y acumulada, de la gesta heroica de nuestro pueblo. La propiedad de la historia se les impone como una mercancía más que deben monopolizar, por ello la historiografía oficial generada desde los aparatos ideológicos del Estado (escuelas, medios masivos de comunicación, la Iglesia) crea consensos e invita a contemplar un pasado paralizado donde los grandes hombres sacros parecen haber hecho ellos solos la historia.


La imperiosa necesidad de sobreponernos a esta amnesia inducida desde arriba nos lleva a recobrar la memoria colectiva, no para ser ventrílocuos de los muertos, sino para tomar conciencia de la enorme responsabilidad que tenemos para seguir haciendo historia. El conocimiento de nuestro pasado sigue siendo brújula del presente, nos permite comprender mejor la realidad política en la que vivimos y las consecuencias que pueden traer aparejadas las decisiones que tomemos. Un necesario conocimiento de la historia nos ayuda comprender que ésta no es estática y no se encuentra destinada a repetirse.

La concepción de una historia no circular ayuda a romper con la naturalización del contexto en el que se vive, al mismo tiempo que entiende a los individuos únicos e irrepetibles y que más allá de su excepcionalidad están condicionados por el contexto histórico y son parte de la historia. En otras palabras, los grandes hombres no forjan la historia por sí solos, pero sí forman parte de ella y, con la fuerza de un colectivo, le adjudican una impronta única.


En ese sentido, la historia de la gesta de San Martín sería incompresible sin tener en cuenta dos elementos fundamentales que ayudan a comprender el éxito de su campaña: la estrategia del pueblo en armas y la guerra revolucionaria continental. La llegada de San Martín en 1812 al Río de la Plata trajo una serie de consecuencias al desarrollo de la revolución americana. En primera instancia, la experiencia militar permitió la profesionalización de parte del ejército revolucionario y la creación del cuerpo de Regimiento de Granaderos a caballo supuso un notorio cambio en la composición social de éste. El origen plebeyo(1) de San Martín pronto le permitió estrechar vínculos con la tropa a la que trataba afablemente con motes de "chico", además su manejo del guaraní le permitió un cordial trato con los pueblos originarios.


Por otra parte, su llegada coincidió con el resurgimiento del jacobinismo morenista en la figura de Bernardo de Monteagudo y la reorganización de la Sociedad Patriótica. Esta reaparición del impulso democrático liberal fue de vital importancia para impulsar la declaración de independencia el 9 julio de 1816 y echar por tierra las intentonas negociadoras y claudicantes de alguno sectores de la burguesía comerciante porteña.


Inmerso en un contexto de contrarrevolución masiva en el territorio americano y herida por disputas internas, la estrategia sanmartiniana se oriento rápidamente a organizar una doble pelea contra la ofensiva de la monarquía española decidida a recuperar sus colonias. La primera fue la de recurrir a la fuerza del
pueblo en armas2 para desgastar y frenar el avance realista.


El joven militar tuvo la experiencia de haber enfrentado a los ejércitos napoleónicos comprobando la fuerza de un pueblo en armas, al mismo tiempo que supo comprender la importancia del papel de los ejércitos auxiliadores en las Américas. Esta concepción permite destacar el carácter popular de la lucha y de los sujetos que la llevan adelante en el conflicto bélico a partir de la soberanía popular. Pensar en el involucramiento de las masas populares, negros, mulatos, zambos, indígenas y gauchos que engrosaron las filas no sólo identifica el carácter popular del ejército revolucionario, sino que evidencia la intención de San Martín de acompañar al pueblo en el proceso de apropiación de la guerra revolucionaria como suya.


El reconocimiento de los amplios sectores populares como sujetos políticos quedó materializado en el protagonismo que asumieron en la guerra emancipadora. Así lo atestiguan las cabalgatas interminables de las montoneras que mantuvieron con destreza y coraje por medio de una planificada guerra irregular (guerra gaucha), liderada por Martín Güemes, a raya a los realistas. O la guerra de las republiquetas y las guerrillas de Juana Azurduy y Manuel Ascencio Padilla en los territorios indígenas del Perú.


Esta nueva etapa en la gesta emancipadora se completaba con una estrategia sin precedentes integrada a la anterior: el cruce de los andes y con ella la expansión de la guerra revolucionaria continental.


La necesidad de encontrar otro rumbo para derrotar a los españoles en Sudamérica llevó a San Martín a pensar en otro camino, uno que exigiera mayor audacia y una mayor radicalización de la guerra. El cruce de los Andes fue concebido desde una lógica de emancipación continental porque sería la única manera de alcanzar el triunfo definitivo: la liberación sería continental o no sería nada. Esta necesidad aseguró, en un contexto de gran complejidad por los intereses localistas, el compromiso de los diferentes pueblos americanos. Del mismo modo que San Martín, Simón Bolívar desde el norte del sub-continente supo comprender la necesidad de esta doble estrategia.


La obra castrense fue pensada, elaborada y ejecutada a contra marcha de los mezquinos intereses de la burguesía porteña que regateó fondos y fuerzas. Sólo la gesta del pueblo cuyano, la entrega total de quienes menos tenían y entregaron hasta su vida por la causa revolucionaria hizo posible semejante hazaña. La inquebrantable decisión del ejército revolucionario, emplazado a los pies de la fría cordillera, no era otra que la convicción moral de un pueblo en armas. Fue desde Cuyo que el nutrido ejército plurinacional y pluricultural liberó a Chile y a Perú a sangre y fuego sellando el destino de un pueblo que hizo propio los sueños de libertad.

El mismo Che Guevara reflexionaba: Y cuando se recuerda las gestas libertadoras, siempre nuestro orgullo más que el haber obtenido la libertad de nuestro territorio, y haber sabido de la intrusión de la fuerza realista, es el haber cooperado a la liberación de Chile y la liberación del Perú con nuestras fuerzas… aquello más que un altruismo, era una necesidad imperiosa, era el dictado de la estrategia militar para obtener una victoria de alcance continental, donde no podía haber victorias parciales, donde no podía haber otro resultado que el triunfo total o la derrota total de las ideas revolucionarias" (Ernesto Che Guevara; 1962)


El éxito revolucionario de la campaña de Los Andes y la liberación del Perú finalizó la tarea de San Martín en nuestro continente. Luego de traspasar el mando a Bolívar, por la nula ayuda de Buenos Aires, se retiró alejándose de las disputas internas y fratricidas.


La necesidad de una mirada critica y desmitificadora de la historia, que piense a los sujetos históricos más allá de las estatuas de bronce o de incomprensibles canciones patrias, puede encontrar las conexiones que unen nuestro tiempo con el pasado, para ver el comienzo de las injusticias y el de nuestra resistencia. En ese camino, el repaso de la experiencia estratégica sanmartiniana en la liberación de nuestra América ha dejado una serie de enseñanzas que merecen ser revisadas. El compromiso subjetivo de las masas en la emancipación, materializado en un pueblo en armas y la estrategia de una guerra revolucionaria a nivel continental siguen siendo objeto de debate para quienes sostenemos de manera inclaudicable la necesidad de crear un sistema justo y sin explotación.


Notas:


1 Hijo de Rosa Guarú, sirvienta guaraní que trabajara para los padres adoptivos de San Martin


2 Es necesaria la diferenciación de esta categoría con la doctrina burguesa de nación en armas, ya que esta última se limita a concebir la guerra como un conflicto entre Estados naciones, sin clarificar el sujeto principal de las fuerzas sociales en contienda, ni la garantía de la soberanía popular.

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Izquierda Revolucionaria
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