Nuevo sitio Se llevó adelante el II Congreso de Izquierda Revolucionaria 5 Agosto 2016

Unidad para frenar el avance de la derecha y construir una alternativa de los trabajadores

El fin de semana del 8 y 9 de julio se realizó el II Congreso de Izquierda Revolucionaria, con la presencia de compañeros y compañeras de distintos puntos del país en donde actualmente estamos poniendo en pie nuestra propuesta política. En el marco del bicentenario de la declaración de independencia del 9 de julio de 1816, el Congreso sesionó con las consignas "Por la Independencia política, económica y social de los pueblos de Nuestra América" y "Por la unidad de las y los revolucionarios". En tanto, la presidencia honoraria correspondió a Mario Roberto Santucho, Secretario General del PRT-ERP, a días de cumplirse el 40 aniversario de su caída en combate.

Edición N° 16

A Vencer (agosto-2016)

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Se llevó adelante el II Congreso de Izquierda Revolucionaria | Unidad para frenar el avance de la derecha y construir una alternativa de los trabajadores

La coyuntura actual, tanto a nivel nacional como a nivel continental, en la que tuvo lugar este II Congreso, está marcada, sin lugar a dudas, por un escenario en el que el avance de la derecha constituye el aspecto principal de la agenda política. Se destacan, en este escenario, el acceso de Michel Temer a la presidencia en Brasil, mientras se despliega el juicio político contra Dilma Roussef, y la creciente intervención política de la derecha venezolana, que logró un triunfo en las elecciones parlamentarias de diciembre y ahora se moviliza apostando a un referéndum revocatorio que desplace al presidente Nicolás Maduro.

En nuestro país, la expresión concreta de esto es el gobierno de Cambiemos, que, con Macri a la cabeza, constituye al mismo tiempo la referencia a seguir por las derechas de todo el continente. Así lo demuestra el desfile que en los últimos meses ha habido en la Casa Rosada, con la presencia de Henrique Capriles como representante de la derecha golpista venezolana y la más reciente visita del presidente asesino del narcoestado mexicano, Enrique Peña Nieto. Sus políticas antipopulares no dejan lugar a dudas: una brutal transferencia de recursos en favor de los sectores más concentrados, va de la mano del pago a los fondos buitres, los despidos masivos, el tarifazo y el aumento del costo de vida para las amplias masas populares.

Este escenario no puede ser entendido sino como corolario del retroceso de los gobiernos reformistas y populistas que tuvieron lugar en las últimas décadas en el continente. Su crisis se precipitó ante un escenario marcado por la caída de los precios de los productos primarios exportadores sobre los que estas economías se asentaron y crecieron en los últimos años. Ante esta situación, quienes avanzaron fueron proyectos derechistas, dispuestos a alinearse de manera más directa con el imperialismo yanqui, e incluso, en muchos casos, financiados por este último. Es por todo esto que una de las resoluciones principales que tomó el Congreso fue definir como táctica general del período el enfrentamiento irreductible de los gobiernos derechistas y, subordinado a este eje fundamental de lucha, la delimitación de los proyectos reformistas y populistas.

En este marco, las tareas antiimperialistas toman un carácter central para la intervención política y por ello deben ser un eje destacado de coordinación y acción.

En consecuencia, en el plano continental nos proponemos destinar los máximos esfuerzos militantes para construir vínculos con organizaciones hermanas que estén aportando a la resistencia en sus respectivos países, brindando nuestro apoyo en forma de un verdadero internacionalismo en la práctica.

Es justamente la defensa de Nuestra América, de la Patria Grande que buscaban construir tanto San Martín como Bolívar, la forma en la que entendimos en nuestro Congreso que debemos pensar la cuestión nacional en nuestro continente. Así, a doscientos años de la independencia, reivindicamos los aportes realizados por las vanguardias revolucionarias en función de la emancipación de los sectores populares, y retomamos sus banderas para llevar adelante la lucha que hoy tiene planteado nuestro continente: el combate contra la entrega y la subordinación; la lucha por una definitiva independencia, que sólo puede cristalizarse en un proyecto socialista de los pueblos de Nuestra América.

Más unidad

Por su parte, en el plano nacional, lo que se impone es seguir apostando a la unidad. Es sólo por ese camino que se podrá dar mejores respuestas en una coyuntura regresiva como la actual. En este sentido, no podemos dejar de señalar el valioso intercambio que durante una de las jornadas tuvimos con compañeras de la Organización Política Hombre Nuevo, quienes participaron del Congreso compartiendo sus posiciones sobre la actual etapa política y sus tareas. Este paso es uno más en un proceso de discusión y acercamiento que venimos transitando y se refleja, entre otras cuestiones, en la elaboración de las editoriales conjuntas que encabezan nuestras prensas. Precisamente, a partir de reconocer los desafíos que la etapa actual nos plantea, el horizonte común que venimos construyendo lo entendemos como un paso fundamental para lograr construir una organización política nacional, que con anclaje en el guevarismo y las mejores tradiciones del marxismo, pueda hacer su aporte a la construcción de un proyecto revolucionario para nuestro pueblo. En consecuencia, avanzar en la perspectiva de la unidad de las y los revolucionarios, fue una resolución central del Congreso, que como organización nos proponemos asumir con total responsabilidad y entrega.

Entendemos que, de la mano de poner de pie una organización que logre tener un mayor arraigo en amplios sectores de nuestro pueblo, se desprenden dos tareas que, fuertemente entrelazadas, están a la orden del día: construir un programa para la etapa y una herramienta de tipo frentista. Están entrelazadas, porque concebimos que el programa nos debe permitir hacer política en la actualidad y contribuir a generar una alternativa política para el conjunto de nuestro pueblo. Este no debe ser una simple lista de consignas, sino que debe estar orientado a la movilización para la defensa de derechos obtenidos, pero sobre todo debe tender a lograr profundizar las conquistas del campo popular, aportando al mismo tiempo a mostrar una propuesta superadora de las opciones burguesas. Se trata, entonces, de estructurar un programa de etapa, que contribuya efectivamente al proceso actual de movilización y conciencia de las masas, con una perspectiva revolucionaria.

Para lograr esto, estamos convencidos de la necesidad de una herramienta de tipo frentista, en la que confluyamos organizaciones de distintas tradiciones que logremos acordar una táctica de intervención y un programa para la etapa. La valoración positiva de la construcción frentista, que ya nos viene permitiendo un trabajo común en el plano sindical con el desarrollo de la Corriente Político Sindical Rompiendo Cadenas, es un gran acervo de todo un sector de la izquierda, sobre el que es preciso avanzar para forjar una herramienta política de masas. Se trata de respetar la diversidad política y organizativa, en el marco de acuerdos prácticos y políticos centrales para aportar a la superación de la dispersión y presentar una alternativa política con peso propio. Así, sobre la base de definiciones anticapitalistas, antiimperialistas y antipatriarcales, la construcción del Frente Político y Social se impone como otra de las tareas para este período. Consideramos que hay una experiencia transitada con organizaciones hermanas que debería poder abonar a su construcción, poniendo sobre la mesa los acuerdos y las diferencias existentes y avanzando hacia una articulación estable que dé respuesta a las enormes tareas que la etapa nos plantea. En este marco, además, desde Izquierda Revolucionaria nos proponemos aportar a la estructuración de una propuesta política en las próximas elecciones legislativas que exprese estas coordenadas.

Desde la lucha en las calles, vamos por más

A poco más de un año de haber salido a las calles por primera vez como Izquierda Revolucionaria, hacemos un balance sumamente positivo. Hemos logrado constituirnos como una organización que, de a poco, sin prisa pero sin pausa, hace sus aportes a las luchas de nuestro pueblo. Durante estos meses, nuestros compañeros y compañeras han estado enfrentando el ajuste en el Estado, siendo parte de las juntas internas de los principales ministerios y como parte del movimiento docente que está en pie de lucha a lo largo del país; han denunciado el accionar de las fuerzas represivas desde el movimiento antirrepresivo, organizándose y defendiendo la educación pública en las escuelas y universidades, bancando las luchas de los laburantes del grupo 23 ante el vaciamiento de Szpolki y Garfunkel, organizando la pelea de los trabajadores contra las patronales, movilizándose contra la violencia patriarcal y por el derecho al aborto y organizándose en las barriadas, por dar sólo una breve lista. Esto, claro está, no debe, bajo ningún punto de vista, quitar del centro las enormes tareas que quedan por delante, sólo abordables con una irrevocable decisión de unidad.

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