Nuevo sitio Editorial A Vencer, edición de agosto, elaborada junto con Hombre Nuevo 4 Agosto 2016

El gobierno de los patrones

“Los que producen el aguardiente y luego dicen que no hay que aumentar el sueldo a los campesinos porque todo se lo van a gastar en aguardiente. (…) Los que no tienen patria ni nación aquí, sino sólo una finca…” Roque Dalton; “La gran burguesía” (fragmento)

Edición N° 16

A Vencer (agosto-2016)

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Editorial A Vencer, edición de agosto, elaborada junto con Hombre Nuevo | El gobierno de los patrones

Vaquitas que siguen siendo ajenas

Que este gobierno es la voz y rostro de los grandes empresarios, no es un secreto. Cada vez, porciones más grandes del pueblo lo notan y señalan. El malestar empieza a rumiarse, aún de manera tenue, incluso entre aquellos laburantes que por despecho lo votaron. Es obscena la prepotencia de clase. Ni el presidente ni sus funcionarios esconden su flagrante pertenencia a esa nómina de los mandamases: los gerentes y CEOs de las multinacionales. Ellos son, lógicamente, los autores del tarifazo contra el pobrerío en favor de las empresas privatizadas. Son los responsables de la garrafa a 150 mangos, del aceite por las nubes, del boleto de colectivo que duplica su valor para seguir viajando como animales. Son los que brindan con los milicos en la cena de camaradería en el Edificio Libertador y se dan palmaditas en el hombro; porque, como dice el presidente, "las fuerzas armadas tendrán un rol preponderante en esta nueva etapa". Los mismos que lograron el récord de ventas en camionetas 4x4, el récord de ganancias para los sojeros y pooles exportadores, son los que hicieron que cayera el consumo interno de leche y carnes en el país donde hay más vacas que seres humanos. Es por eso que cosechan aplausos en La Rural, cuando una oligarquía empachada de dólares los ovaciona porque "sí, se puede" ganar cada vez más y más. Estabilizado el timón post 2001, garantizado cierto consenso en favor del Estado y sus instituciones por el gobierno saliente, los dueños pasan a atender directamente el mostrador.

La fuerza de los fuertes

A la andanada de despidos se le tratará de añadir una reformulación del Estado y de las relaciones laborales. Tal es la aspiración del gobierno y de las patronales.

En un acto que quedará en la historia no sólo por ser el bicentenario de nuestra independencia, sino por el desfile de genocidas y el despampanante despliegue de obsecuencia presidencial, el primer mandatario agradeció a su querido rey de España su presencia y poco menos que se disculpó por la emancipación de 1816. Pero, además, arremetió sin eufemismos contra la clase trabajadora. En una alocución por demás mediocre, no perdió oportunidad para decirles a los trabajadores que se tienen que "alejar de lo que pasó en los últimos tiempos, donde creció el ausentismo, las licencias, y las jornadas horarias reducidas". Y completó: "cada vez que un gremio consigue reducir la jornada laboral, todos los argentinos lo estamos asumiendo como parte de un costo, y no está bien". Más allá de su impericia para la oratoria, pocas veces vista, existe un clamor patronal sobre la reformulación laboral en clave flexibilizadora, del cual Macri es portavoz. En una nueva nota editorial para el escándalo, el periódico La Nación, vocero de la oligarquía hace casi un siglo y medio, desarrolló con mayor precisión esa misma línea política. El diario que editorializa bregando por el fin de los juicios a los genocidas de la última dictadura, publicó el pasado 26 de julio una nota titulada "Un cambio indispensable en las relaciones laborales". Allí se plantea, sin tapujos, que las negociaciones salariales deben tener en cuenta "la productividad y los límites y posibilidades de cada empresa". Concretamente, realizarse por unidad productiva y no por rama: "se debería asignar preferencia a los acuerdos laborales de nivel menor (empresa o sector geográfico) por sobre los acuerdos colectivos o paritarias en el nivel de sector de actividad. (…) La negociación descentralizada debe ser un motor de la reformulación del modelo de relaciones laborales". La flexibilidad, la falta de estabilidad, el empleo basura y carente de derechos, son postulados en un altar: "El período de prueba, el contrato de plazo fijo flexible y otras formas de contratación modulares son instrumentos eficaces de promoción del empleo y reducción de los costos laborales". Acto seguido, por si el lector –tal vez algo distraído- no hubiera comprendido de qué va la cosa, el editorialista escupe varios términos de inconfundible cuño neoliberal: "multifuncionalidad, polivalencia funcional y jornada variable o flexible". Para culminar, la editorial propone eliminar la indemnización por despido y reemplazarla por un fondo deducible del salario y sostenido por el propio trabajador. Todo un alegato en clave de "modernización", para no hacer otra cosa que retrotraer las relaciones de explotación a los peores escenarios de nuestro continente, del sudeste de Asia o de la Europa de la Revolución Industrial. Un verdadero alegato de las pretensiones sin límite de la fuerza de los fuertes, de los dueños de todo, de las cuales Cambiemos es un fiel representante.

La boca del pez

El ministro de Hacienda y Finanzas Prat Gay señala ante los potenciales inversores neoyorquinos: "el trabajo sucio está casi terminado" (24/06/16). El que había hablado de los despedidos del Estado como "grasa militante", se desnuda frente a especuladores y empresarios yanquis. Son los funcionarios del "vamos viendo" y "estamos aprendiendo sobre la marcha", que asfixia con el tarifazo a miles de hogares; son los ricachones de "esa te la debo" para gambetear la pregunta sobre la muerte de una trabajadora tras ser despedida. Son los que –como el pez- mueren por la boca, aunque aún les salga bastante barato el chiste, portadores aún de la soberbia de los impunes. Son los cultores de la neo-precarización.

Para nosotros, la precarización del trabajo y de la vida no es sólo un dato, ni mucho menos es una expresión de deseo de la oligarquía criolla. Es algo que venimos padeciendo desde hace tiempo. El terreno que pretende ser arrasado por la gran burguesía no es un vergel, precisamente, sino un territorio donde el desmonte ya empezó a ensañarse hace rato. El crecimiento nominal del empleo durante los últimos 12 años se asentó en gran medida sobre la proliferación de trabajadores y trabajadoras en negro, con contratos basura o facturando como monotributistas. Es decir, sobre las distintas variantes de fraude de los patrones, que fueron permitidas, alentadas o ejercitadas de manera directa por el propio Estado durante el kirchnerismo.

La rueda de la explotación no ha dejado nunca de girar en nuestro país. Si bien existen notorias diferencias entre un gobierno que apuesta parcialmente a algún grado de consenso con los trabajadores (en especial con la corrompida burocracia sindical cegetista) y uno que fantasea directamente con atomizar las negociaciones colectivas, ambas caras son las que alternadamente muestra la explotación capitalista: consenso y represión; diálogo y garrote.

Quienes gobernaron buena parte de sus 12 años de la mano de la mafia de la CGT, ya sea con los Caló, o con los Martínez de la UOCRA; con Moyano o con Pedraza, según el caso, no merecen ser añorados con nostalgia por los laburantes. El gobierno de las valijas voladoras, el que apadrinó a Monsanto y a la Barrick Gold, no merece ser elevado a alternativa de lo existente, porque sencillamente no lo es.

No son idénticos, pero son complementarios; poseen una misma médula espinal: garantizar el orden de cosas existente.

Crecer desde abajo y a la izquierda

Además de la pretensión de llevar al límite tolerable la explotación que sueñan los oligarcas, propagandizan los cagatintas y enuncian los funcionarios, está lo ya hecho por sus predecesores. Pero también nuestra capacidad de resistencia. La clase trabajadora resiste, pero libra aún peleas aisladas.

Con la claridad política de que tampoco ahora se trata de optar entre lo malo y lo peor, los trabajadores debemos aspirar a marcos de unidad de acción acordes a los embates de los patrones.

Por eso, sostenemos la unidad de acción contra el ajuste y las políticas antipopulares del macrismo con todos aquellos que se dispongan a dar esta pelea, sin desdibujar nuestra propia identidad política.

Por nuestra parte, las diversas organizaciones sociales y políticas compañeras que venimos militando de conjunto en la lucha cotidiana tenemos por delante la tarea de poner en pie un frente social y político que nos permita intervenir de forma unitaria y sostenida en las luchas actuales con una práctica y programa común. Esa apuesta colectiva precisa, a su vez, de una proyección electoral, para no dejar vacante ese terreno político fundamental.

En este marco, la unidad de los revolucionarios es una meta imprescindible. El camino conjunto de las organizaciones que firmamos esta editorial es una experiencia en ese sentido.

La gran burguesía cierra filas para aplicar su programa. El desafío de la clase trabajadora es poder responder con unidad y firmeza en las calles, interpelando a sectores amplios del pueblo, sin renunciar por ello a su independencia política.

En una época sumamente adversa para los de abajo, no cabe sino la confianza en las fuerzas de la clase trabajadora organizada. Porque, como dice Roque Dalton: los dueños de todo son también "los que/ efectivamente/ tienen todo que perder".


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