Nuevo sitio “Compromiso por Educación” 20 Julio 2016

Educación para el capital o educación para la liberación

“Posicionar a la educación en la agenda y en el corazón de todos los argentinos” es el slogan que acompaña al “Compromiso por la Educación” que días atrás lanzó el presidente Mauricio Macri junto al ministro de Educación, Esteban Bullrich, todo su gabinete y la presencia de los gobernadores de distintas provincias, en el Centro Cultural Kirchner.

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Macri definió la educación como un "tema central para el futuro" y remarcó las "estadísticas preocupantes" en esa área: 5 de cada 10 jóvenes no termina la escuela secundaria, 1 de cada 3 estudiantes de secundaria repite algún año de ese nivel y 8 de cada 10 estudiantes universitarios no termina su carrera, entre otras.

El compromiso toma como base el acuerdo firmado en Purmamarca en febrero de 2016 entre los 24 ministros de educación de las provincias, Bullrich y los representantes del Consejo de Universidades y allí está el núcleo de la política educativa del gobierno. Esta plantea la “unánime voluntad de construir sobre lo construido a lo largo de estos años y afianzar las bases de una revolución educativa cuyo vértice es la escuela, donde se gesta el futuro del futuro" lo cual dejaría entrever cierta continuidad con las políticas educativas del kirchnerismo.

Por otro lado, sostiene la necesidad de “avanzar en la obligatoriedad de toda la escolaridad a partir de los tres años de edad", “implementar progresivamente la jornada extendida" en primaria, “implementar acciones de apoyo a los aprendizajes, seguimiento de las trayectorias escolares, y articulación de estrategias pedagógicas que garanticen el pasaje y la continuidad de los estudios" así como también “asegurar el ingreso, permanencia y egreso para la totalidad de los estudiantes de la educación secundaria"

A simple vista los puntos aquí señalados pueden verse con buenos ojos por todos aquellos que perciben la problemática existente en la educación y que les preocupa su mejora. Pero dichas premisas son difíciles de comprender si no van acompañadas de mayor inversión. Al respecto, el documento sostiene que se sostendrá “la inversión en educación establecida en el 6 % del PBI", es decir, que la mejora se hará con el mismo volumen presupuestario de hace 10 años.

Cabe preguntarnos entonces cuál es el plan del gobierno para implementar estas “mejoras". La ecuación es la siguiente: si se desean mejores resultados sin incremento de la inversión, lo que se necesita es aumentar la productividad de sus actores, en particular, los trabajadores de la educación.

En el texto del spot publicitario realizado por el gobierno se postula la siguiente afirmación: “La riqueza de un país no solo se valora por la riqueza de sus recursos naturales o su modelo productivo, sino sobre todo por la calidad de su sistema educativo." Allí está explícito el lugar que ocupa la educación en esta sociedad y para este gobierno. No se habla de calidad educativa tal como muchos trabajadores de la educación y estudiantes la entendemos, esto es, como la formación integral que promueva la capacidad crítica de los educandos. Por el contrario, se habla de calidad, entendida como la garantía de reproducción del sistema capitalista, con mano de obra barata y funcional a los intereses del mercado y el capital.

El documento de Purmamarca habla de “Desarrollar herramientas e integrar enseñanzas académicas con conocimiento del trabajo y la producción para reducir la brecha entre la educación y el mundo del trabajo." Lo que se pone en juego en esa afirmación es la orientación social de la educación. Todas y todos entendemos que, en los marcos de la sociedad capitalista, una institución educativa que no se vincula con las necesidades del capital carece de sentido. ¿Para qué sirve la educación, en tanto mano de obra “libre", arrojada al mercado, si no es para competir en mejores condiciones dentro de ese mercado? La educación, en el capitalismo, es una herramienta para la explotación. Y es, desde el punto de vista de la familia trabajadora, la posibilidad de conseguir –compitiendo con otros trabajadores– mejores condiciones de explotación.

En oposición a ello, la educación que debemos construir las y los trabajadores, junto a estudiantes y sus familias, es una educación liberadora. Si la educación no nos forma para la libertad, entonces se vuelve un fracaso de nuestra clase social y un triunfo de la clase opresora. Sujetos críticos, comprometidos, en disputa con las ataduras ideológicas, pero no solo ideológicas, sino también las reales y concretas que someten a hombres y mujeres debe ser el horizonte de un proyecto educativo superador al que ofrece el capitalismo.


Evaluar y diálogo social

El eje fundamental de la “productividad educativa" es la evaluación, y para ello el acuerdo en Purmamarca plantea la creación del Instituto de Evaluación de la Calidad y Equidad Educativa. La primera observación que hay que hacer, es que la evaluación en sí misma no es negativa: todo sistema, para funcionar correctamente, necesita mecanismos de evaluación que permitan corroborar o rectificar decisiones, analizar métodos y resultados, descubrir obstáculos y formular respuestas efectivas para los desafíos que se afronta.

Quienes somos trabajadores de la educación conocemos muy bien la necesidad de la evaluación como herramienta necesaria en el proceso de aprendizaje. El punto es qué se pretende hacer con esa evaluación: ¿se buscará detectar las problemáticas del sistema o diseñar políticas acordadas democráticamente con trabajadores y estudiantes para resolverlas? ¿O se utilizará como herramienta para controlar y castigar?

La política de evaluación del macrismo se enmarca en un contexto mucho más general, latinoamericano, de reformas educativas en la que la creación de instituciones como la presentada en el documento de Purmamarca apuntan a 1) controlar la mano de obra docente y premiar o castigar según los resultados; 2) general dinámicas competitivas entre trabajadores e instituciones educativas, también premiando económicamente según los resultados. Todo esto, bajo la concepción liberal de que la competencia es la ley natural de la evolución y el desarrollo social.

La reforma educativa impulsada por Peña Nieto en México apunta en el mismo sentido. En otra nota publicada en esta página sobre la rebelión docente en Oaxaca decíamos acerca del Pacto por México, donde se esboza dicha reforma: «Este documento, debatido consensuado por el PRI, el PRD y el PAN durante tres meses contenía, entre un conjunto importante de reformas, varios "compromisos" referidos al sistema educativo. Entre ellos el compromiso número 8, en el que el gobierno se comprometía a dotar "de autonomía plena al Instituto Nacional de Evaluación Educativa (INEE), consolidando un sistema de evaluación integral, equitativo y comprehensivo, adecuado a las necesidades y contextos regionales del país"; y otro, el número 12, en que se sostiene que "…se promoverá que el progreso económico de los maestros sea consecuente con su evaluación y desempeño…"» (Los docentes de Oaxaca se rebelan contra la reforma educativa.)

En la realidad nacional, Mendoza es la punta de lanza para avanzar en la evaluación docente. El ítem aula impuesto en la paritaria de comienzos de año fue presentado por el gobierno de Alfredo Cornejo como un “premio al docente que está en el aula". En los hechos, se condiciona el salario de los docentes con su asistencia a clase, atacar el derecho a las licencias mientras que se lo responsabiliza de los problemas en educación.

La evaluación del sistema educativo es necesaria, pero entendida como balance de las décadas de política educativa antipopular, como constatación de los déficits y necesidades concretas que atraviesan las comunidades y la formulación de las políticas necesarias para remediarlo. Esa evaluación no es un camino por andar: los y las trabajadores de la educación tenemos un diagnóstico muy concreto y una evaluación muy precisa de la realidad educativa: salarios miserables, condiciones de enseñanza-aprendizaje deplorables, edificios destruidos, falta de recursos, presupuesto educativo insuficiente y una currícula alienada de las necesidades populares.

Por último, destacamos un aspecto más del Compromiso: el “Diálogo social con el fin de alcanzar una educación inclusiva y de calidad." La noción de diálogo se extrae como consecuencia de la orientación social de la que se habló más arriba. Para los gobiernos capitalistas, el diálogo real es siempre con las empresas y la Iglesia. Con los trabajadores y la comunidad educativa, el diálogo es siempre una foto en los diarios o una pantomima de diálogo.


Conclusiones

Las decisiones en materia de educación que ha tomado el macrismo no son enteramente novedosas. El control de los trabajadores, el aumento de la explotación, el ajuste salarial y el presupuesto insuficiente son vinos viejos que se disimulan con odres nuevos, aggiornados.

Los y las trabajadores de la educación tenemos una importante trayectoria de lucha y resistencia contra toda política educativa antipopular. Debemos seguir levantando las banderas de la educación pública gratuita, de calidad, laica y liberadora. Pero además, las y los compañeros de Izquierda Revolucionaria entendemos que esa lucha es nacional, y por eso apostamos a construir juntos con otras organizaciones, agrupaciones docentes y compañeras y compañeros independientes, una corriente de trabajadores de la educación para todo el país: la Corriente Enriqueta Lucero.

La resistencia contra las políticas patronales en educación empieza desde abajo, coordinando esfuerzos, construyendo debates con las y los compañeros, estudiantes y sus familias en cada institución. Desde allí tiene nace la fuerza que puede obligar a las burocracias cómplices a la salir a la calle y así torcer el rumbo de una educación que, hoy como desde siempre en una sociedad de explotadores y explotados, es un terreno más de la lucha por la liberación de nuestro pueblo.

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