Nuevo sitio A 80 años de la Revolución Española 17 Julio 2016

La Revolución Traicionada

"...la guerra civil es la forma más aguda de la lucha de clases que, después de una serie de colisiones y luchas económicas y políticas repetidas, acumuladas, acrecentadas, agudizadas, llegan a transformarse en lucha armada de una clase contra otra". V. I. Lenin

A 80 años de la Revolución Española | La Revolución Traicionada

Un país atrasado

España pierde a fines del siglo XIX sus últimas posesiones coloniales. La revolución industrial y burguesa casi no la ha afectado. Los sectores del Antiguo Régimen siguen languideciendo (sacerdotes, militares, funcionarios, terratenientes) sin que se lleve a cabo plenamente la formación de la nueva sociedad burguesa.

La industrialización se ha desarrollado lentamente en el siglo XIX en sectores geográficos dispersos, destacándose las regiones del País Vasco con todas las características de la gran industria y Cataluña con una importante industria textil. El débil desarrollo de las relaciones de producción capitalista no logra completar la integración nacional y refuerza las tendencias separatistas.

A principios del siglo XX, España es un país fundamentalmente agrícola y está sometido a la penetración del capital extranjero. Solo el breve período de la Gran Guerra 1914-1918 le permite una coyuntural participación en el mercado mundial como productora de alimentos. A partir del retorno de la paz se vuelve a la situación anterior al conflicto pero que pronto se ve agravada con la crisis capitalista de 1929 y las medidas proteccionistas de las grandes potencias.

Sin lugar a dudas el tema central, es el problema agrario. Según Broué y Témine "En 1931, dos millones de trabajadores agrícolas no tenían tierra, mientras que 50.000 hidalgos campesinos poseían la mitad de las tierras de España". Y más adelante resumen claramente el cuadro social del campo, "se podían distinguir dos problemas agrarios esenciales: el de las pequeñas tenencias del Norte y del Centro, a menudo demasiado pequeñas para la subsistencia de quienes las trabajan, y el de los grandes dominios del Sur explotados mediante el trabajo de obreros a quienes la abundancia de mano de obra permitía ofrecer tan sólo sueldos de hambre"[1].

Los sectores más reaccionarios de la clase dominante ven en la monarquía su régimen por excelencia, siendo sus pilares la Iglesia y el Ejército.

Un ejército para la guerra civil

El ejército español contaba entre sus "méritos"... haber sido derrotado en el último siglo en la defensa de sus últimas posesiones coloniales. En ese sentido es correcta la observación de A. Beevor sobre el Ejercito español, "Reducido, tras la pérdida de las últimas colonias, a la Península, el ejército encontró en Marruecos un terreno propicio para recuperar protagonismo. (…) Los oficiales españoles destinados a Marruecos encontraron allí posibilidades de ascenso por méritos de guerra y, más tarde, una mística `africanista´"[2].Sin embargo, esto no evito el desastre de la campaña de penetración en Anual en julio de 1921 que genero la muerte de 10.000 soldados, sólo revertida a partir de la intervención francesa.

Era un ejército con armamento obsoleto para hacer frente a un ejército moderno o inclusive a tribus como las marroquíes. Estaba repleto de oficiales (un oficial por cada seis hombres y un general cada cien soldados) y todos eran monárquicos. Solo era capaz de hacer frente a la guerra civil, es decir, de reprimir a las y los trabajadores/as y campesinas/os sin armas y ser garante de mantener el orden social en manos de las clases dominantes. En definitiva era la última esperanza de las clases dominantes.

Es necesario aunque sea una breve referencia a la otra gran institución retrograda de España. Nos referimos a la Iglesia Católica. Una de las mayores propietarias de tierras con negocios diversificados en bancos, minas, transporte y otros sectores. Responsable de la educación en un país con doce millones de analfabetos. Pero fundamentalmente como el articulador ideológico de toda la derecha española. Por eso no fueron de extrañar los incendios de iglesias y conventos en mayo de 1931.

Las vísperas de la Revolución

En las elecciones municipales de abril de 1931 triunfan los republicanos. El día 14 es proclamada en Eibar (Guipúzcoa) la II República, el rey Alfonso XIII se encuentra sin bases de apoyo real decide abdicar y marcha al exilio con su familia.

Las masas campesinas hacen estallar permanentemente su cólera, exigiendo la resolución del problema más sensible de la sociedad española: el de la tierra. La clase obrera se encuentra organizada en poderosas organizaciones sindicales, las más importantes son la Unión General de Trabajadores (UGT) hegemonizada por socialistas que cuenta con 300.000 afiliados en 1931, mientras que la Confederación Nacional del Trabajo – Federación Anarquista Ibérica (CNT-FAI) para esa misma fecha posee 800.000 afiliados. Dicha clase obrera está unida por múltiples lazos al campesinado y comparte con ellos una hermosa cualidad, su combatividad. En resumen se acumulan en todos los poros de la sociedad española los gérmenes de destrucción de un pasado que es presente y que obreros y campesinos se empeñan en que no sea eterno.

Justamente como nada es eterno en 1934 se produce la revolución de Asturias, será el primer intento de los obreros por tomar el poder con sus organismos de clase, reclutar sus tropas y armarse. La insurrección estará dirigida por la Alianza Obrera[3], el movimiento será derrotado y sufrirá una durísima represión: 3.000 trabajadores fusilados y más de 30 mil presos. En dicha represión se destaca por primera vez el general Franco.

El reagrupamiento de las fuerzas políticas

Posteriormente a las elecciones de 1931 han comenzando las fisuras en la coalición republicana, Alcalá Zamora y Miguel Maura rompen por diferencias en la política religiosa. Pasa a ocupar el centro de la escena política la figura de Azaña a través de un acuerdo con los socialistas. En agosto de 1932 se produce el intento de golpe encabezado por el general Sanjurjo que terminara fracasando. En febrero y octubre de 1933 se forman la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA) y la Falangue Española. A fines de ese mismo año se impone en las elecciones el derechista Lerroux, durante su gobierno se producirá el intento de la Revolución Asturiana. Finalmente en 1934 se unifican la Falangue y las Juntas Ofensivas Nacionales Sindicalistas (JONS).

El cuadro de fuerzas se completaba con las fuerzas de la izquierda.

El Partido Socialista era una fuerza sumamente importante se encontraba dividida entre un ala de derecha y otra de izquierda, esta última estaba dirigida por Largo Caballero caracterizado por un "revolucionarismo verbal", hegemonizaba a la vez a la UGT.

El Partido Comunista era una organización pequeña dado el carácter de satélite de las directrices de la IC estalinista, caracterizadas por permanentes bandazos a izquierda y derecha. Sólo a partir de la ayuda material de la URSS logrará fortalecerse, pero claramente se trataba del "partido del orden" en la zona republicana quien planteaba la consigna de "primero ganar la guerra, después se hará la revolución".

Finalmente las dos corrientes claramente revolucionarias eran la CNT-FAI y el Partido Obrero de Unificación Marxista (P.O.U.M.).

En el caso de los anarquistas, sufrieron catastróficamente la falta de una concepción clara sobre el poder, amparándose en una posición estrictamente "sindical" que los llevaría en varias oportunidades a caer en posiciones ambivalentes y de seguidismo a socialistas y comunistas.

En el caso del P.O.U.M. había surgido en 1935 de la fusión del Bloque Obrero y Campesino dirigido por Maurin quienes editaban el periódico Batalla; y por otro, la Izquierda Comunista Española (ICE) dirigida por Nin y Juan Andrade. Se trataba de una escisión del PCE con motivo de la ruptura entre Stalin y Trotsky, si bien este pequeño grupo se alinea con la Oposición de Izquierda, terminaría rompiendo políticamente con el revolucionario ruso en una larga y triste polémica. El P.O.U.M. logró su proceso de unificación en forma tardía en relación a la situación revolucionaria, sufrió la falta de una fusión profunda que les brindará una concepción clara de la revolución española. De hecho, el sector de Nin siempre se encontró en minoría, aunque éste intentó dotar al partido de una estrategia revolucionaria, brillantemente expresada en el documento "La situación política y las tareas del proletariado" que debía servir como Proyecto de "Tesis políticas" para el congreso de junio de 1937 que nunca pudo realizarse producto de la represión estalinista.

Caracterización y tareas

Antes de seguir amerita citar el análisis de Andrés Nin sobre estos años de la República y la indefinición en la resolución de los problemas más candentes de España. Nin había regresado en 1930 al país luego de haber pasado varios años en Rusia donde ocupo cargos en la Internacional Sindical Roja, el Partido Comunista Ruso e inclusive en el Soviet de Moscú y de realizar tareas para la Internacional Comunista en Alemania, Italia y Francia. Al respecto de la República y de las tareas de los revolucionarios en España decía: "la proclamación de la República no ha sido más que una tentativa desesperada de la parte más clarividente de la burguesía y de los grandes terratenientes para salvar sus privilegios". El revolucionario español entendía que un sector de las clases dominantes había entregado a la Monarquía y concedido la salida republicana como un intento de salvar sus intereses de clase. Y agrega en relación a los gobiernos republicanos: "Es evidente que un gobierno parecido no puede resolver ninguno de los problemas fundamentales de la revolución democrática: el de la tierra, el de las nacionalidades, el de las relaciones entre la Iglesia y el Estado, el de la transformación del aparato administrativo burocrático del antiguo régimen y el de la lucha contra la reacción". Para luego plantear categóricamente:

"La línea estratégica es clara: sólo la clase obrera puede resolver los problemas que tiene planteados la revolución española, sólo la instauración de la dictadura del proletariado puede significar el coronamiento del proceso revolucionario porque atraviesa nuestro país"[4].

Nace la Revolución... nacen los Consejos

En las elecciones del 16 de febrero de 1936, se enfrentaron una coalición de partidos de derecha contra el Frente Popular, integrado por la Unión republicana, la Izquierda republicana, el PS, el PC, el partido sindicalista y el P.O.U.M. Dicho Frente poseía un programa extremadamente moderado, la única reivindicación propia de las masas era la amnistía total para los insurrectos de 1934[5]. La CNT - FAI por primera vez no lanzó su consigna de No Votad! Triunfaba de esta forma el Frente Popular.

Inmediatamente los golpistas se organizan a la vista de todos[6] con la intención de frenar la revolución en curso. Por el lado del gobierno republicano, éste sólo toma medidas que lo hacen más impotente. En el caso de las masas, lanzan poderosas manifestaciones para iniciar la realización de sus demandas.

Entre el 16 y 18 de julio se inicia la sublevación militar. El 17 se subleva la guarnición de la plaza de Melilla en África. Las dos centrales obreras, la CNT y la UGT convocan a la huelga general del 19 al 23, durante la huelga las organizaciones obreras asaltan depósitos de armas de las fuerzas represivas. El 19 el gobierno de José Giral decide el reparto de armas al pueblo para iniciar la resistencia al golpe. Se inicia así la Revolución.

Sin embargo, lo que mejor plasma la nueva situación es el surgimiento de organismos de poder de la clase obrera y el campesinado, así nacen el Comité Central de Milicias Antifascistas de Cataluña, el Comité Ejecutivo Popular de Valencia, el Comité de Salud Pública de Málaga, entre otros. Dichos organismos comienzan a hacerse cargo del control de las fabricas y servicios a través de los sindicatos, se realizan colectivizaciones de tierras, asumen tareas de seguridad y vigilancia son el esbozo de un nuevo Estado. En dicho proceso se destacan notablemente la participación activa de las mujeres.

Surgirán así las milicias obreras que junto a las huelgas revolucionarias, permitirán la defensa exitosa de Madrid, Valencia y otras ciudades. La heroica resistencia llevará al escritor católico H. Buckley a escribir: "Fue una semana de milagros, durante la cual, dios parecía estar al lado de la gente humilde" o a las historiadores franceses Drassillach y Bardéche a plantear: "Este ataque de las masas, llenas de espíritu de sacrificio, que cuesta centenares de víctimas, pero que mantiene a Barcelona en poder de los rojos, es una de las más bellas y heroicas páginas de la historia revolucionaria universal"[7].

De la guerra civil al triunfo de Franco

Apenas iniciado el levantamiento militar, la situación era la siguiente: "Detenido el avance de Mola sobre Madrid (…), con las milicias catalanas avanzando sobre Huesca y Zaragoza, cercadas Sevilla, Córdoba y Granada, sitiados por las milicias los cuarteles de Valencia, (…) careciendo casi por completo la zona inicialmente dominada por los rebeldes de industrias armamentistas, siendo escasas las reservas de material bélico, debiendo combatir la defección de los propios soldados, habiéndose mantenido por el gobierno la poca aviación disponible, (…) la victoria era solo cuestión de tiempo"[8]. ¿Cómo es posible que la revolución española haya sido derrotada?

Obviamente la respuesta es compleja. Sin embargo nos parece fundamental señalar el factor decisivo que jugó la intervención extranjera para sostener a Franco, en ese sentido, se destacan en primer lugar la participación decidida de la Italia fascista de Mussolini y en segundo lugar la Alemania Nazi. Mientras que la República sufrió las especulaciones de la diplomacia británica y francesa, temerosas de los movimientos de Hitler. Un lugar especial le corresponde a la traición de la burocracia estalinista con la revolución española, que llevo a Trotsky a definirla como "la organizadora de derrotas" por los fracasos cometidos en Alemania, China y tantos países. Stalin y la IC fueron parte de la farsa diplomática de las democracias de occidente hasta finalmente acordar con el mismísimo Hitler. Siempre su apoyo político y material estuvo condicionado por la defensa en primer lugar de los intereses soviéticos. Ante el aislamiento internacional de la República y como producto del chantaje de Stalin, el PCE irá ganando terreno político incapaz de obtenerlo con otros medios. Es cierto que contará con la complicidad de sectores del PS e inclusive de los anarquistas, estos últimos con la excusa de obtener armas hicieron la vista gorda ante la represión sufrida por el P.O.U.M.

Durante el gobierno de Largo Caballero pero fundamentalmente con el de Negrín, los comunistas impondrán su estrategia dividir la guerra de la revolución, disolver las milicias armadas para que el Estado pase a controlarlas hasta disolverlas bajo un ejército regular[9] con generales y comisarios comunistas, perjudicando a anarquistas y poumistas en el reparto de armas hasta comenzar su represión, etc.

Este proceso había sido explicado por Nin cuando escribía: "El problema fundamental del poder es el de las armas. Y las armas siguen estando en las manos de las masas trabajadoras. Es por esto que se pretende desarmar al proletariado. (...). El poder es la organización armada de una clase. Las armas no pueden, pues, ser abandonadas por los obreros (...) No basta con que el proletariado tenga en sus manos los organismos económicos, las tierras, las fábricas, etc.". Esta es una de las grandes lecciones de la Revolución Española!

A lo largo de tres largos años y a pesar del enorme esfuerzo y heroísmo de las masas obreras y campesinas, las relaciones de fuerzas se irán modificando progresivamente en favor de las fuerzas de Franco hasta obtener una victoria absoluta. Se perdía así una de las posibilidades más clara de triunfo de una revolución socialista de la década del `30. Al decir de Nin, "La victoria de la clase obrera de nuestro país modificaría inmediatamente, a favor del proletariado, la correlación de fuerzas en el mundo entero, dando impulso decisivo a la revolución proletaria internacional".


[1] Broué, Pierre y Témime Emile, "La revoluciona y la guerra de España". Tomo I. Ed. Fondo de Cultura. México. 1962

[2] Beevor Antony, "La guerra civil española". Ed. Crítica. Buenos Aires. 2015

[3]Frente único de partidos y sindicatos obreros, a la que se sumó a último momento el PC.

[4] Nin, Andrés, "El proletariado español ante la revolución" en "La traición de la revolución española". Ed. Biblioteca Proletaria. Buenos Aires. 1971

[5] La reintegración e indemnización de todos los trabajadores despedidos, unos 30.000.

[6] Inclusive nos podemos remontar al 31 de marzo de 1934 cuando sectores de la derecha española firman con Mussolini un acuerdo para financiar con armas y dinero la futura sublevación militar.

[7] Citado en Sanz, Víctor "La revolución malograda". Ed. Nordan Comunidad. Montevideo. 2006

[8] Ídem.

[9] A partir de que Stalin decide el apoyo con recursos a la República, el PCE se convierte en polea de transmisión de los deseos de este. Inclusive llego a conformar una "superdirección" integrada por el argentino Codovila, el búlgaro Stepanov y el italiano Togliatti. La influencia del PC se convierte en determinante en la disputa política entre las distintas corrientes.

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Marcos Muñoz
Autor

Marcos Muñoz

Profesor en Historia.