Nuevo sitio Estados Unidos 13 Junio 2016

Masacre en Orlando: imperialismo, violencia y heteronormatividad

En la madrugada del domingo 12 de junio, alrededor de las dos de la madrugada, tuvo lugar una masacre en la ciudad de Orlando, Florida. En el bar gay Pulse, Omar Mateen, de 29 años, entró armado, asesinó a 50 personas y dejó heridas a 53 más, varias de ellas en estado crítico. Estado Islámico se adjudicó el atentado.

Estados Unidos | Masacre en Orlando: imperialismo, violencia y heteronormatividad

Rápidamente circularon versiones de que se trató de un atentado terrorista. De hecho, el propio presidente Barack Obama definió los sucesos como un "acto de terrorismo y odio". Por su parte, la familia de Mateen, de origen afgano, declaró que no se trata de crimen por motivos religiosos, sino que está vinculado a las ideas "contrarias a la homosexualidad". Finalmente, mediante la agencia de noticias árabe Amaq, el Estado Islámico (EI) se adjudicó el ataque y quedó confirmado el origen del mismo.

Desde nuestra organización hacemos público nuestro más profundo repudio a este ataque terrorista que se ha cobrado la vida medio centenar de hijos e hijas del pueblo estadounidense. Pero que además cuenta con el infame condimento ideológico del odio hacia la comunidad LGTTBI.

No basta con repudiar. Es necesario desentrañar lo sucedido en toda su complejidad política e ideológica. Omar Mateen fue criminal, no cabe dudas; pero también fue el último eslabón de una larga cadena de violencias que combina religión, política e ideología; el brazo ejecutor –y no por ello menos responsable– de un conjunto de odios mucho más profundo. Hay que llegar al fondo de causas para comprender un hecho de tamaña crueldad.


Imperialismo y violencia

A comienzo de 2015, al producirse los ataques terroristas en París sobre la revista Charlie Hebdo, decíamos en esta misma página: "Es necesario que tomemos cierta distancia y perspectiva histórica para entender con más claridad los hechos ocurridos en Francia en un cuadro más amplio que nos permita entender el fenómeno del radicalismo islámico. Desde el momento en que se producía la invasión soviética en Afganistán, la CIA estableció que la mejor manera de rechazarla era estigmatizando a los soviéticos por su ateísmo, potenciando a la vez los valores religiosos del Islam. La CIA era dirigida por William Casey, un fundamentalista católico, que bajo la administración Reagan tuvo a su cargo el entrenamiento y financiamiento de Al Qaeda, bajo el liderazgo de Osama Bin Laden. […] Por lo tanto, es indiscutible la responsabilidad directa de los EE.UU. en el impulso al radicalismo islámico como "enemigo" en la guerra global contra el terrorismo"[1].

En cuanto a la responsabilidad de los hechos, queda claro que no se puede repudiar al Estado Islámico sin señalar con la misma indignación el rol de la política imperial de los EEUU. La masacre de Orlando no puede siquiera empezar a compararse con el genocidio árabe en Medio Oriente, producto de un guerrerismo furibundo que lleva décadas: Kuwait, Afganistán, Irak, Líbano, Mali, Libia, Siria vayan como ejemplo.

Por todo esto, y sin dejar de señalar por un instante que los asesinatos perpetrados en Orlando no tienen justificación alguna, es fundamental comprender que los ataques del EI en Occidente constituyen un represalia a una política exterior igual de terrorista, cuya diferencia consiste en que los Estados Unidos cuentan con el consenso internacional de la mayor parte los Estados del mundo para imponer un su relato autojustificatorio.

Por último, en cuanto a este aspecto es necesario decir que luego de la muerte, entró en escena el oportunismo político. Donald Trump encontró una excelente excusa para darle rienda suelta a su islamofobia. En una publicación de Twitter, el candidato republicano escribía: "Aprecio las felicitaciones por estar en lo cierto sobre el terrorismo islámico radical. No quiero felicitaciones, quiero dureza y vigilancia. Debemos ser inteligentes." Mientras tanto, Obama habrá hallado también nuevo sustento a la política exterior genocida en Medio Oriente que ha sostenido durante sus dos gestiones. El mensaje es claro: el enemigo llega desde afuera a destruir el país de la libertad. La historia, sin embargo, opina diferente.


La violencia interior

La autoría del EI es solo un aspecto del problema. EEUU cuenta con un terrible historial de violencia y masacres que lo distingue a nivel mundial. La violencia está a la orden del día y se ejerce desde arriba a hacia abajo. Los hechos de violencia que suceden entre el pueblo no son más que el reflejo y la continuación de la violencia estatal planificada.

EEUU no solo es el Estado guerrero por excelencia a nivel mundial; la política de control y represión se ejerce hacia el mundo, pero también hacia el interior. Según Amnistía Internacional: "Las autoridades [policiales] no registraron la cifra exacta de personas muertas cada año a manos de funcionarios encargados de hacer cumplir la ley, pero los cálculos oscilaban entre 458 y más de 1.000. Según los limitados datos disponibles, entre las víctimas de homicidio policial había una cantidad desproporcionada de hombres negros"[2]. A esto se suma que solo en 2016 fueron asesinadas en manos de la policía 43 personas producto de tortura con picana Táser. Y desde 2001, cuando el control policiaco se incrementó bruscamente a raíz de los atentados del 11S, la cifra asciende a 670 muertos con el mismo método.

Pero la historia sigue. En los últimos 25 años se registra una enorme cantidad de masacres en diversas ciudades estadounidenses. 23 muertos en Texas en 1991, en una cafetería; 13 estudiantes asesinados en 1999 por Eric Harris y Dylan Kelbold en la secundaria Columbine de Colorado; 13 inmigrantes masacrados en New York en 2009 por Jiverly Wong en un centro comunitario; 13 más en Texas ese año, cuando un mayor del ejército ataca a otros militares; 32 muertos en una Universidad de Virginia, baleados por el estudiante Seung-Hui Cho; 27 muertos en 2012, cuando Adam Lanza mata a 20 niños de entre 6 y 7 años, además de seis adultos y luego se suicida; 14 muertos en California en 2015 en una reunión de trabajo. Finalmente, en el día de hoy, 50 muertos en Orlando, Florida.

Los datos son contundentes y no hay azar en los hechos del bar Pulse. La violencia en el centro del capitalismo mundial es un fenómeno que acusa rasgos gravísimos y se vincula de diferentes aspectos: las desigualdades sociales, el odio racial, la xenofobia, el odio a la comunidad LGTTBI, la militarización de la vida cotidiana y el altísimo nivel de coerción social que conforman un combo explosivo.


Homofobia en el país de la libertad

Este análisis no estaría completo sin aludir al odio sobre la comunidad LGTTBI. Tampoco es un hecho fortuito que el ataque haya recaído sobre este sector del pueblo estadounidense en particular. Por un lado, el Islam comparte con el cristianismo y el judaísmo la misma concepción patriarcal y heteronormativa de las relaciones humanas. Para cualquiera de estas religiones, las prácticas sexuales homoeróticas (entre personas del mismo sexo) y las identidades no hegemónicas, constituyen una aberración que se castiga con el fuego del infierno. O bien, como supo practicar largamente la Iglesia Católica durante siglos, con el fuego de la hoguera. Por otro parte, producto de esa cosmovisión común consagrada en varias religiones que gozan enorme poder político, sucede que en Estados Unidos, lejos de ser el país de la libertad, todavía existe odio hacia las identidades que rompen con la heteronorma y se las reprime.

En abril de este año, por ejemplo, se aprobó en Mississippi una ley que permite a los propietarios de comercios y a los funcionarios públicos no atender a las parejas de gays y lesbianas con base en sus creencias religiosas. Según explicó el gobernador republicano Phil Bryant, la ley busca "proteger las creencias religiosas y las convicciones morales de individuos, organizaciones y asociaciones privadas de acciones discriminatorias por parte del gobierno estatal o sus dependencias políticas"[3]. También en Carolina del Norte, en febrero de este año, se sancionó una ley para limitar las acciones legales contra la discriminación de lesbianas y homosexuales. A esto se suma, además, varias iniciativas republicanas que buscan suspender la ley de matrimonio igualitario sancionada en junio de 2015 para todo el país. El colmo de las aberraciones es una iniciativa de un legislador texano cuyo contenido consiste en autorizar la suspensión del salario a cualquier trabajador/a que presente licencia por matrimonio con una persona de su mismo sexo.


La lucha empieza ahora mismo

La masacre de Orlando no es el acto de un demente, no es la expresión de un odio individual; es el resultado de una política imperial que hace décadas puso en marcha una poderosa organización del integralismo islámico; de la cosmovisión heteronormativa y patriarcal que encuentra en esas sectas religiosas un aliado único, pero que también está presente en un sector de la sociedad estadounidense y fundamentalmente en un espectro muy poderoso de la elite política. También es la consecuencia de una violencia estructural hija de las entrañas del capitalismo, de su Estado y que llega a las raíces más profundas de la sociedad.

Ninguno de estos aspectos puede ser aislado sin caer en una visión sesgada de lo sucedido. No basta con denunciar alguno de ellos; hay que denunciarlos todos, combatirlos todos. En la larga cadena de violencias y odio que hoy segó la vida de 50 personas está la violencia originaria del capitalismo y el patriarcado. Y aquí, en el presente, la tarea urgente de construir conciencia cotidianamente, incansablemente para que ambos, capitalismo y patriarcado, caigan juntos.

La sociedad de iguales por venir, en la que ponemos cotidianamente todo nuestro empeño, se construye desde hoy. Como escribió Pedro Lemebel: "hay tantos niños que van a nacer/ con una alita rota/ Y yo quiero que vuelen compañero/ Que su revolución/ les dé un pedazo de cielo rojo/ para que puedan volar".


Notas:

[1] Izquierda Revolucionaria. ¿Quiénes son los verdaderos terroristas? (4/2/2015)

[2] De: www.amnesty.org

[3] De: www.publico.es

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