Nuevo sitio Elecciones presidenciales en EEUU 4 Junio 2016

Entre el establishment conocido y la falsa renovación republicana

La carrera presidencial en los EEUU ofrece a estas alturas algunas certezas luego de varios pronósticos defraudados. Clinton y Trump son los candidatos con mayores posibilidades de competir por la Casa Blanca. La primera como continuidad de la política imperialista y liberal de Obama; el segundo, un candidato novedoso, con retórica provocadora y propuestas populistas.

Edición N° 14

A Vencer (junio-2016)

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Elecciones presidenciales en EEUU | Entre el establishment conocido y la falsa renovación republicana

La carrera presidencial en los Estados Unidos ha estado llena de sorpresas y pronósticos defraudados. Sin lugar a dudas, la figura del multimillonario Donald Trump como candidato único del conservador Partido Republicano es la mayor de todas. Pero también la aparición en escena de un demócrata centroizquierdista como Bernie Sanders, que tuvo un notable inicio, es un fenómeno un tanto inesperado. Aunque los papeles protagónicos parecieran ya estar distribuidos y la disputa se encamine hacia Trump versus Clinton, el panorama general es muchísimo más complejo.

Los sucesores de Obama

La interna demócrata fue la más nítida desde el principio. El senador Sanders despuntó como una figura novedosa, con propuestas muy a la izquierda del liberalismo tradicional de su partido. No obstante, el triunfo pareciera pertenecer ya a Clinton[1]. Ella representa hoy la continuación de la política de Barack Obama: se postula como una opción progresista, con capacidad de interpelar al diverso mosaico de sectores que conforma el pueblo estadounidense (blancos, afroamericanos, latinos). A su vez, es garantía de continuidad en el plano de las relaciones exteriores. Desde hace veintitres años se ha formado como un cuadro político fundamental de la política imperialista yanqui.

Hillary Clinton tiene una larga e infame carrera como promotora de la política militarista de su país. Entre 1993 y 2001, como primera dama, impulsó agresivas campañas militares en Europa del este (ex Yugoslavia) y el este de África (Somalía). Bajo el célebre disfraz de "intervenciones humanitarias y de cambio de régimen" apoyó a bombardeos en Irak que costaron centenares de miles de vidas. Más tarde, desde 2001 a 2009, como senadora de los EEUU, apoyó la guerra en Afganistán, la invasión a Irak y el intento de golpe en Venezuela en 2002. Y finalmente, entre 2009 y 2014, como Secretaria de Estado durante las gestiones de Barack Obama, fue una de las responsables directas de la invasión a Libia, el armado de fuerzas rebeldes que desestabilizaron Siria, la guerra en Líbano y la instalación de numerosas bases militares y misiles en Europa del Este, el sudeste asiático y Oceanía como parte de una política global de contención de la creciente influencia rusa y china.

Según James Petras: "Ningún candidato presidencial estadounidense, pasado o presente, ha participado en más ofensivas militares en tiempo tan corto, pronunciando mayores amenazas nucleares que Mme. Hillary Clinton. Que ella no ha provocado aún un holocausto nuclear es probablemente resultado de las restricciones administrativas impuestas sobre la Mme. Secretaria de Estado por el menos sanguinario Presidente Obama. Esas limitaciones finalizarán cuando Mme. Hillary Clinton sea elegida presidente de los Estados Unidos en un proceso que el electorado sabe cada vez más que es 'manipulado' hacia ese resultado"[2].

Su base social es bastante amplia y va desde sectores de trabajadores blancos ocupados, latinos opositores a la xenofobia republicana y mujeres. Según las últimas encuestas todavía lleva algunos puntos de ventaja sobre Trump; pero esta es una diferencia ínfima.

Por su parte, Donald Trump aparece como un referente para importantes sectores de clase media blanca venidos a menos con la crisis económica y que encuentran como responsables de la difícil situación social a la inmigración latina. No obstante, hay encuestas que indican que también una porción de la clase trabajadora más empobrecida, deseosa de un cambio más radical, ve con expectativa el ascenso de este personaje mediático devenido en político.

Lo que define a Trump es su oportunismo. Las ideas que más lo caracterizan son aquellas que le permiten acrecentar su presencia mediática. Es un ferviente enemigo de los inmigrantes latinos –sobre todo mexicanos–, musulmanes, y por momentos aparece como un misógino furioso. En ocasiones es partidario de un diálogo fluido con Cuba; ataca al NAFTA, los tratados multilaterales y afirma que su proyecto es devolver a EEUU su grandeza. En el plano económico se muestra como un proteccionista y promete una reforma impositiva que beneficie a los sectores más empobrecidos. Es un populista, provocador o demagogo según la ocasión y necesidad, y sin duda se apoya en el aparato más rancio y conservador de la política yanqui: el Partido Republicano, aunque no sea él precisamente el más conservador ni represente nítidamente los intereses de ese partido.

En el plano internacional, habla del retiro de bases militares y postula una política diametralmente opuesta a la de Clinton, al menos retóricamente[3]. En las próximas elecciones primarias busca acrecentar el apoyo en el cordón industrial de Pensilvania (norte) y achicar la diferencia en Florida, donde la población latina más humilde simplemente lo desprecia.

Capitalismo, decadencia y alternativa política

La sociedad estadounidense atraviesa no solo las consecuencias económicas de una crisis económica que no se ha cerrado definitivamente, sino que además acarrea la decadencia y violencia propia del sistema capitalista. En cuanto al primer aspecto, "La producción industrial ha disminuido en 10 de los últimos 12 meses y se ubica casi 2% por debajo de su máximo de diciembre de 2014. Las ganancias de las compañías alcanzaron un máximo a mediados de 2014 y fueron casi 5% más bajas en el tercer trimestre del año pasado, según el Departamento de Comercio de EE.UU. Las acciones han caído este año y el Promedio Industrial Dow Jones acumula un descenso de 7,6%, pese al alza de fines de la semana pasada[4]." Otros análisis económicos sostienen que hay grandes posibilidades de que este año EEUU entre en recesión.

Las dificultades económicas someten a 50 millones de personas a la pobreza[5], en su gran mayoría latinos y afroamericanos. La pauperización de la vida, por otra parte, tiene consecuencias catastróficas: la violencia social que se expresa en numerosas masacres y la represión policial, fundamentalmente hacia la población negra, son moneda corriente. El consumo de drogas y antidepresivos, que aumentó en un 400% en los últimos diez años[6] se suman como una faceta más del verdadero "sueño americano".

En ese durísimo panorama para los trabajadores y el pueblo estadounidense en general no es de extrañar que aparezcan como "opciones" los planteos políticos alocados de un Donald Trump mientras que la figura que se le opone a él es la continuidad, más de lo mismo.

Ya sabemos, por la propia experiencia Argentina, que quienes se embanderan bajo los slogans del "cambio" suelen ser iguales o peores que sus predecesores. Ni Clinton, emblema del establishment, ni Trump, un multimillonario demagogo y conservador, son verdaderas alternativas para los intereses del pueblo estadounidense ni de los pueblos del mundo, puesto que las elecciones en el país del norte necesariamente tendrán consecuencias de orden mundial. La alternativa política de los trabajadores está, como siempre, en manos de los trabajadores, tanto en los países del "tercer mundo" como el nuestro, como en el centro del capitalismo mundial.


[1] La batalla decisiva es el 7 de junio, cuando se realicen las primarias de California, un distrito electoral que aporta un enorme caudal de electores.

[2] Petras, James. Clinton and Trump: Nuclearized or Lobotomized?

[3] Ídem anterior.

[4] Zumbrun, Josh. Hay señales de alarma en la economía de EEUU. En: expansión.com

[5] Barral, Beatriz. 50 millones de estadounidenses viven bajo el umbral de pobreza. En: Cadena Ser.

[6] Resumen Latinoamericano. EE.UU. en decadencia: ¿una bomba a punto de explotar? En: actualidad.rt.com

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Autor

Leonardo Lopresti