Nuevo sitio Ajuste, entrega y política antipopular 4 Junio 2016

Seis meses de gobierno PRO

El macrismo asumió el poder con la promesa de la renovación de la política y la recuperación de la economía. Aprovechó los negociados y casos de corrupción del kirchnerismo, y como contraparte prometió republicanismo, transparencia y una revolución de la alegría. Aseguró que el pago de la deuda y la “vuelta a los mercados” permitirían terminar con la inflación y darían un shock de inversiones, permitiendo el crecimiento económico y el fin de la pobreza. Seis meses más tarde el ajuste, la entrega y una perspectiva antipopular son la marca del “cambio”.

Edición N° 14

A Vencer (junio-2016)

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Ajuste, entrega y política antipopular | Seis meses de gobierno PRO

El modelo económico de Cambiemos empeoró los problemas

La propuesta de gobierno de Cambiemos, camuflaba bajo el discurso de la revolución de la alegría, la pretensión de superar las dificultades manifestadas por el modelo kirchnerista a través de un shock de medidas que reordene la jerarquía de poder al interior de la clase dominante. Para hacer esto, dichas medidas significaron la transferencia de recursos de las clases populares en beneficio de determinados sectores empresarios. A la vez, estas medidas buscaban dar un giro en favor de los intereses imperialistas norteamericanos. El chivo expiatorio era el "populismo" y el frustrado intento kirchnerista por impulsar un "neodesarrollismo" que tuviera como protagonista a ciertos sectores de la burguesía local (Lázaro Báez, Cristóbal López son los ejemplos más conocidos). A la vez, pretendía lograr una relación de más autonomía respecto de EEUU al entablar relaciones comerciales con Rusia y China. El modelo tuvo pies de barro y los burgueses nacionales no tuvieron nada para dar, y terminaron siendo parasitarios del Estado.

Cambiemos, comandado por el PRO, una vez ganada las elecciones no dudó en llevar adelante el ajuste. La liberación del cepo cambiario, la devaluación, la quita de subsidios y los tarifazos fueron medidas que impactaron en la mayoría de la población. El gobierno se volvió un ejemplo para las empresas privadas, al dejar en la calle a miles de trabajadores y trabajadoras estatales. El credo liberal volvió a ser el discurso oficial, esperando ofrecer las garantías para que llegaran las inversiones. El arreglo con los holdouts fue un paso necesario, a través de la entrega nacional y el incremento de la eterna deuda externa. Así, se logró recuperar cierta credibilidad en el mercado internacional de capitales, donde el FMI y el BM eran de los más expectantes por volver a ofrecer sus favores usurarios. El acercamiento al bloque de países firmantes de los tratados del pacífico propuestos por EEUU complementa la estrategia del nuevo gobierno.

Sin embargo, pese a haber llevado adelante las políticas que se proponía el macrismo (incluso el arreglo con los buitres con el apoyo del FPV), seis meses después vemos las consecuencias inmediatas. Al gobierno nacional no le quedo otra que reconocer públicamente el fuerte impacto social que tuvieron las medidas económicas adoptadas hasta ahora. En palabras de Marcos Peña, Jefe de Gabinete, se reconoció estar en el "peor momento". La tasa de desocupación se incrementa con los miles de despidos en el sector público y privado. El consumo cae ayudado por los topes a las paritarias que reducen el salario real. Los tarifazos en los servicios básicos como agua, gas y luz retraen la economía. A la vez, no se le encuentra la vuelta aún a la inflación que sigue sumando dígitos mes a mes. Miles de personas incrementan las estadísticas de pobreza e indigencia.

Las expectativas de mejora prometidas para el segundo semestre ya se han desplazado para el 2017. El estancamiento de la economía se evidencia en la caída de la producción. La industria y la construcción son ejemplos de esto. Las PyMES reflejan una caída en la producción que ya dura más de 20 meses. Para colmo, los productores agrarios no se contentan con la reducción de las retenciones, sino que exigen más ayuda del Estado, retaceando la liquidación de la cosecha. Las inversiones no llegan como esperaba el gobierno. No alcanzó ni el veto a la ley antidespidos propuesta por la oposición, ni todo lo que se ha hecho para abaratar el valor de la fuerza de trabajo para contentar a los capitales transnacionales. Hasta Prat Gay fue a pedir perdón a España por el "maltrato recibido", luego de que se la llevaran en pala durante años. Pese a la desproporcionada transferencia de recursos, estimada en unos 20.000 millones de dólares a agroexportadoras, banco, empresas de alimentos y grupos industriales, aún los capitales exigen que para invertir, el Estado debe lograr la reactivación de la economía mediante la inversión pública. La propuesta de blanqueo de capitales, pretende que ingresen recursos valiosos para el fisco para pasar los próximos meses. Además de salvarle las papas al propio Macri por la difusión de sus cuentas en Las Bahamas, que ascienden a 18 millones de dólares. Las cuáles ahora pretende "repatriar" a modo de ejemplo.

De este modo, el gobierno de Cambiemos se encuentra complicado por la coyuntura económica recesiva, apostando a un modelo que no hizo más que profundizar las dificultades provocadas en la etapa anterior, a la espera de convencer a que las multinacionales apuesten a la Argentina. Sin embargo, el contexto económico internacional no augura que vaya a ocurrir. Las bajas tasas de crecimiento proyectadas para la economía mundial ensombrecen el futuro. Mientras tanto, el pueblo trabajador padece en sus condiciones de vida los ajustes salvajes de la derecha.

La "nueva política" PRO

Una de las características más evidentes del nuevo gobierno consiste en su representación, sin mediaciones, de la burguesía local y extranjera. Ya no se trata de un estado que administra un sistema capitalista por medio de un funcionariado especializado. En el macrismo, muchas de esas funciones las asumen directamente empresarios y CEO's de algunas de las firmas más poderosas. Los personeros del capital agrario, industrial y bancario, son ahora muchos de los administradores directos de la economía nacional.

No sorprende entonces, que el perfil de los nuevos jefes del poder político sea el de la ostentación, y naturalización de la desigualdad. El perfil noventista es evidente. Los gobernantes no sólo tienen cuentas en Panamá y en Las Bahamas, sino que además lo dicen sin ruborizarse. Es la naturaleza del empresariado, con sus millones de diferencia y sus maniobras de fraude al Estado y la sociedad toda, los que aparecen ahora naturalizados y encarnados en el propio presidente y sus secuaces.

Como gobierna una casta de empresarios y CEO`s, es completamente congruente que sus formas se adecuen a eso. El trato cuidadoso y hasta rastrero, ante los grandes grupos de poder económico es una consecuencia lógica. Ahí está Prat Gay, pidiendo perdón al empresariado español, para ejemplificarlo. Muy lejos de cualquier vocación nacional, que reconozca la importancia de los recursos estratégicos y del rol del Estado, el macrismo se esfuerza, en primer lugar, por lograr las simpatías del empresariado chupasangre como el de Repsol.

No en vano, con su gobierno, algunos de los grupos más fuertes del capital en Argentina asumieron gran protagonismo. Clarín es el ejemplo más evidente. Por eso ahora festeja a viva voz los premios a "la libertad de expresión" otorgados por EEUU.

Se trata de una concepción que se extiende a la política internacional.

Por eso, el macrismo defendió, ante todo, "volver al mundo", es decir, lograr el reconocimiento de los más poderosos, en particular de EEUU, por su servilismo político y económico. El pago desesperado y exorbitante a los fondos buitres, la invitación a Obama en pleno 24 de marzo, y el apoyo explícito a las políticas norteamericanas son parte de esta propuesta.

Es una orientación que empalma una perspectiva internacional a la que apuesta la potencia yanqui: construir una fuerte tendencia de derecha en América Latina, que sea un freno para las demandas populares. Ya en su discurso de triunfo del 22 de noviembre el presidente electo anunció una nueva política hacia el mundo y América Latina, dejando en claro que no defraudará a sus aliados de la derecha continental. Desde entonces no dejó de dar señales, defendiendo a la derecha golpista venezolana y dando su aval a Temer luego de que este triunfara en su ataque al gobierno del PT por medio del juicio político a Dilma Rousseff

No sorprende en este marco, que la perspectiva ideológica del macrismo se oriente contra cualquier forma de igualdad social y de oportunidades. De eso se trata su apuesta "meritocrática". Bajo el supuesto de que lo que falta en el pueblo humilde es el "esfuerzo", se promete premiar a los mejores y se argumenta que los que no llegan, es porque no quieren o no se comprometen. Es desde esa perspectiva que Cambiemos critica el carácter "igualitarista" de la educación y las universidades públicas del conurbano. Es por eso que sus voceros, como González Fraga afirman: "Le hicieron creer a un empleado que podía comprarse celulares". Es por eso que sus funcionarios como Michetti, ratifican: "El populismo le decía a la gente que se puede vivir de esta forma eternamente". En su visión, el pueblo tiene más de lo que merece y debe saberlo. Los beneficios de una sociedad son solo para algunos. El discurso meritocrático dice que serán los que se esfuercen. La realidad dice que son los dueños del país. El macrismo argumenta a favor de esa desigualdad.

En consecuencia, todo lo que el Estado pueda tener de garante de derechos sociales es algo que está de más y es considerado un gasto. La salud, en crisis ya en la "década ganada" kirchnerista, está siendo completamente abandonada a su suerte. En distintos puntos del país se repite el mismo cuadro: áreas completas de hospitales sin poder funcionar por falta de recursos y de personal. Lo mismo sucede con el ya descompuesto sistema educativo. Por eso, en nombre del falso combate a los ñoquis, el macrismo aprovechó la ofensiva contra los empleados estatales para cerrar números programas sociales de primera necesidad. Por eso recorta recursos para las cooperativas de trabajo. Su política de Estado mínimo ya viene siendo puesta en funcionamiento desde hace años en la Ciudad de Buenos Aires, y ahora apuesta a expandirse.

Por si cabían dudas de su perspectiva antipopular y de derecha, el macrismo además, vino a defender a uno de los sectores más nefastos de la sociedad argentina: las FFAA. Acompañado por una militancia persistente de los principales medios de comunicación (Clarín y La Nación), esos mismos que lo ayudaron a alcanzar la presidencia, el macrismo se presenta como un defensor de los intereses de los militares. No se trata de algo casual, sino sistemático. La negación de los 30.000 desaparecidos por Lopérfido, la reunión de Garavano con Cecilia Pando, símbolo de la reacción en nuestro país, van de la mano con los reclamos de Clarín y La Nación para liberar a los milicos genocidas y para perseguir a quienes lucharon con una perspectiva revolucionaria en los años 70. La "justicia completa", que le llaman, es la revancha de los defensores del golpe de Estado contra el campo popular y los organismos de DDHH. Por eso es que a comienzos de este mes, Macri derogo un decreto de 1985, devolviendo a las Fuerzas Armadas la autonomía en la organización y dirección de cada fuerza que tenían en la época de la dictadura militar. Esa es la cruzada PRO.

No se trata de un problema del pasado, sino del presente. El protocolo antipiquetes, la represión en panamericana, en Tierra del Fuego y en tantos otros lados, la declaración de emergencia en seguridad, dan cuenta de que esas definiciones no son para nada simbólicas.

Implican el avance contundente de la derecha contra el pueblo trabajador.

Ante eso, solo la organización y la lucha del pueblo pueden ser una alternativa.

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Izquierda Revolucionaria
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